Epitafio de Zapatero: las políticas del FMI y el BCE

Epitafio de Zapatero

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Tres meses antes del 15-M, en Febrero de 2011, escribía este artículo (no nato) que con breves adaptaciones lo vuelvo a reproducir aquí. El objetivo era explicar cuál era la agenda neoliberal tras las medidas del gobierno de Zapatero. La llegada de Rajoy, la crisis en Grecia o Italia –con gobiernos tecnócratas y recortes masivos- o la formación en economía crítica a marchas forzadas de grandes sectores de la población tras el 15-M hace menos “marciano” este artículo, cuyo objetivo inicial era hacer entender a cualquier persona por qué Zapatero estaba dando estos pasos y a dónde se dirigía al final. Sirva de memoria del 2010 y 2011 y de epitafio a un presidente que dio vía libre al modelo neoliberal en este Estado, renunciando a su programa. Además, publico este artículo en un día en el que Rajoy ha anunciado su primera ola de recortes, en realidad la continuación del “trabajo sucio” empezado por el leonés. Incluyo notas de actualizaciones en la línea aquí comentada (asusta, de hecho). Así, este artículo pretende vincular los viejos y nuevos recortes.

(I) Un cadáver político


Zapatero es ya un cadáver político, como expresaba Durán i Lleida hace unos meses. Se irá con la etiqueta de haber sido el peor presidente de la historia de la democracia, aunque, cierto es, con el alivio de no haber participado en una guerra ilegal que ha causado cientos de miles de muertos. Sin embargo, su progresiva pérdida de valores (“hay que hacer un balance entre los valores y los intereses en el conflicto del Sáhara”) y de principios guía sociales, políticos y económicos se ha desarollado a marchas forzadas. La historia dirá de él que ha desarrollado leyes que ampliaban o creaban derechos ciudadanos a una importante parte de la ciudadanía (ley de dependencia, matrimonios homosexuales, ley de igualdad…), que ha defendido una visión pionera del Estado (federalista, pluri-identitaria, con creciente autogobierno de los territorios), de los valores universales (alianza de civilizaciones), o que dio algunas respuestas social-demócratas y keynesianas en la primera fase de la crisis. En positivo, su mandato se atribuirá el final de ETA, consecuencia de la incomprensión en la sociedad vasca ante el rechazo en la T4 de la negociación impulsada por Zapatero –y ante la presión de buena parte de la prensa española y de los aparatos del Estado.

No obstante, lo que de verdad transcenderá será su renuncia progresiva a todo aquello que pudo enamorar de ese primer Zapatero. Ante las presiones de la caverna conservadora, liquidó el Ministerio de Igualdad, mejoró sus relaciones con la Iglesia, o descafeinó la Ley de Memoria Histórica. Frente a la España centralista, dio la patada a Maragall, liquidó el Estatut y el Estado plurinacional y con él al PSC catalán. Más allá, se unió al PP en Navarra y Euskadi. Ante los valores universales, antepuso los intereses económicos con Marruecos, movilizó tropas en Afganistán o limitó la apuesta contra el cambio climático. Ante el apoyo a la compra de vivienda y a los desempleados, rechazo las propuestas para evitar deshaucios y finiquitó las ayudas a desempleados de larga duración. Más allá, se ha convertido en el primer presidente de un Estado democrático, tras Reagan, que ha aplicado el Estado de alarma para obligar militarmente a trabajar a un colectivo laboral. Y, su reforma de las pensiones (con el beneplácito de los sindicatos), hizo lo que el PP nunca se hubiera atrevido a hacer, extender la edad mínima de jubilación para la práctica totalidad de las próximas generaciones y precarizar, en la práctica, el conjunto de las pensiones futuras.

Pero, lo que es más grave, ante la crisis, y tras financiar a los bancos, admitió, en el Debate sobre el Estado del Reino de 2010, que guiaría su política no por su programa electoral sino por las propuestas de los mercados financieros que, vía deuda del Estado, iban a controlar las políticas sociales y económicas del Estado. La reunión con los mayores empresarios del Estado, el fin de semana del 27 de Noviembre de 2010, también se saldó con nuevas medidas económicas en la línea de las demandas que estos hacían.

Su renuncia a su autonomía como Presidente del Gobierno, ante la llamada de Obama, el BCE, Merkel y el FMI, pone los pelos de punta. Más allá, siguiendo las propuestas de los que le controlaban (vía deuda pública), comenzó, en el último año, a desarrollar la agenda clásica del Fondo Monetario Internacional (FMI). Dejó de lado las soluciones históricas social-demócratas y se puso manos a la obra con ella. Pero, ¿cuál es la agenda clásica del FMI? ¿Existe algo fijado de antemano o son soluciones contextuales adaptadas a los países?

(II) La agenda del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo


Las políticas del FMI se basan en el paradigma neoliberal de que fortaleciendo ciertas condiciones del mercado y reduciendo al Estado a una mínima expresión, se incrementa el crecimiento económico, la situación de las empresas e inversores y, a la postre, la situación social del país (menor tasa de desempleo). Así, siempre, y en todas las circunstancias, se llevan a cabo las siguientes medidas:

- Apoyo público –económico- a grandes empresas y entidades financieras en crisis económica. La primera medida que el FMI y el BCE sugieren implementar es asegurar la estabilidad del sector financiero, así como de otros sectores estratégicos claves para el país. Idealmente, para ello, los Gobiernos deberían de aprobar ayudas multimillonarias a estos sectores, asegurar su liquidez, proporcionar préstamos por debajo del precio de mercado y asumir los riesgos económicos de estos sectores. A veces implica el comprar acciones de empresas (nacionalizar) en el momento de crisis y volverlas a vender cuando se recuperan (cuando empiezan a dar beneficios), o asegurar desde el Estado los créditos de las inversiones privadas (como en Irlanda o anteriormente en la crisis del Sudeste asiático hace una década). En el Estado español se plasmó con millonarias ayudas a bancos, cajas de ahorros y sectores como el del automóvil. El Plan Ordenado de Reestructuración Bancaria superó los 10.000 millones de euros en préstamos a entidades financieras. Pero, ¿cómo puede el Estado prestar dinero a los bancos a un determinado interés y luego pedir prestado a otros bancos a un interés superior? El negocio del siglo, vamos. Sólo que los segundos prestamistas no sólo imponen plazos e intereses de devolución sino que incluyen claúsulas políticas y económicas sobre cuál ha de ser la estrategia económica de los países. Teóricamente, esto serviría para estabilizar el sector financiero e industrial, permitiendo una recuperación económica posterior. Sin embargo, el Estado amplía su déficit debido a estas iniciativas. Hay que decir que el Gobierno en Islandia, debido a la presión popular, decidió oponerse a esta medida, desarrollada por el gabinete anterior, así como rechazar la devolución del crédito que el Fondo Monetario Internacional les había concedido. En la medida en que los créditos y quiebras eran debidas a una gestión tóxica y especulativa, optó por juzgar a los responsables. Este país no sólo no ha quebrado sino que ha encontrado fórmulas de salir de la crisis sin ceder al chantaje neoliberal. Fecha de implementación: 2008-2009. [Nota: Este asunto sigue estando a la orden del día. Ahora es el Banco Central Europeo el que presta dinero a los bancos al 1% que lo prestan a su vez a los Estados a un interés superior. Básicamente, si el BCE prestara el dinero directamente a los Estados, estos se ahorrarían la ola de recortes que están haciendo y que en realidad sirve para pagar ese diferencial en interés].

(III) Embarrando a las y los trabajadores


Uno de los objetivos centrales del FMI y el BCE es la flexibilización del mercado laboral. Se pretende hacer más fácil contratar y despedir por las empresas y, en general, hacer más rentable para las empresas los trabajadores y menos costoso para los Estados los desempleados. Para ello, se proponen diversas acciones:

- Facilitar el despido (con el objetivo final del despido libre, en esta fase se reducen las indemnizaciones por despido), lo que conlleva, en la práctica, el fin del trabajo fijo (ya que cada vez hay menos diferencias entre despedir a un trabajador temporal o permanente). El despido por “previsión de pérdidas futuras”, incluido en la reforma laboral de Septiembre de 2010, va en esa línea, así como el descenso en el número de días de indemnización. Desde el entorno empresarial se argumenta que hay que ajustar el número de trabajadores a los rápidos cambios en la demanda de la producción o de servicios. Por ejemplo, en un restaurante acuden menos clientes debido a la Ley que prohíbe fumar en esos establecimientos. Si el empresario puede despedir fácilmente a unos cuantos de sus camareros, podría ajustar su plantilla a la que requiere el número de clientes actual.

Pero esto causa al menos dos consecuencias negativas. La primera es que carga el riesgo y las pérdidas en el Estado (vía subsidio de desempleo) o en los trabajadores y las empresas deberían de ser copartícipes de los efectos sociales que causan. La carencia de estabilidad en el empleo causa problemas psicológicos y de salud, como múltiples autores han demostrado desde la Epidemiología, la Medicina Laboral y la Psicología. Además, impide el desarrollo de planes de vida (comprar una casa, tener hijos…), lo que a su vez incrementa el malestar psicológico. La segunda consecuencia es que la empresa (especialmente las medianas y grandes empresas, donde no existen tantos lazos humanos entre empleador y empleado y donde hay más políticas de formación) podría no tener incentivos para formar y reciclar a sus trabajadores y preferir despedir a los no-formados mayores y contratar a otros formados más jóvenes. Esto podría provocar un cuello de botella en el mercado laboral donde ciertos sectores quedaran excluidos del mercado laboral. Por supuesto, finalmente hay un argumento de justicia y equidad social y de las aspiraciones de la ciudadanía. ¿Nosotros hemos de controlar el sistema económico para ajustarlo a cómo queremos vivir o es este sistema el que nos controla a nosotros? Obviamente, las sociedades las crean las personas, no los mercados. Y las personas pueden (y han de) marcar las reglas que configuran el modelo de sociedad que prefieran (estabilidad en el empleo, servicios públicos, Estado del bienestar…).

Fecha de implementación: Septiembre 2010. [Nota: Actualmente, está en espera la reforma laboral que, previsiblemente, presentará Rajoy en los próximos meses y que contribuirá a facilitar las condiciones de despido, como ya han anunciado]

- Favorecer una base de trabajadores “flexibles”. Se buscan a trabajadores que se puedan contratar por cortos períodos de tiempo y que, a ser posible, generen la mínima vinculación contractual (evitando derechos a corto –como formación, negociación colectiva- y a largo plazo). El aumento del tiempo máximo en que un becario (= no derechos) puede estar dentro de una empresa (tantas veces 2 años como títulos posea), o la creación de una base de trabajadores temporales y precarizados (mujeres, jóvenes e inmigrantes, principalmente), que se puedan adaptar a las demandas flexibles que sufre una empresa, son algunos ejemplos. Fecha de implementación: Septiembre 2010. [Nota: en Junio de 2010 se modifica la ley que regula la negociación colectiva, a favor de los empresarios, y en Agosto se aprueba la última reforma laboral que amplía hasta los 30 años los contratos de formación y que suspende temporalmente los límites a los contratos temporales]

- Limitación del salario mínimo y limitación de salarios. Aunque la idea final neoliberal sería que estos salarios fueran fijados por el mercado (es decir, que no haya salarios mínimos o que se negocien entre trabajadores y empresarios), las reformas pretenden que se sitúe lo más bajo posible o, en todo caso, que no aumente conforme a suben los precios (lo que es igual a un descenso en la práctica). La base de trabajadores flexibles precarizados recibirá este salario como base (“salario Carrefour”). También se solicita que se liguen a la productividad de las empresas en vez de estar basados en convenios colectivos. En la práctica, esto supone el empobrecimiento de las y los trabajadores, que cobran menos o ven congelado sus sueldos ante un aumento creciente de los precios. Se argumenta que esto de nuevo facilitaría la competitividad de las empresas y las economías estatales. La falacia de esta sentencia se ve con sólo mirar los sueldos y salarios mínimos de los países más ricos de la Unión Europea. Resulta que también tienen los sueldos más altos y sus salarios mínimos triplican el del Estado español. El salario “Tesco” (el Carrefour inglés) está en torno a 10 euros la hora. Y es que a mayores salarios, más consumo y más desarrollo económico. [Nota: El salario mínimo ha vuelto a ser congelado en el primer paquete de reformas de Rajoy, los salarios de los funcionarios se han congelado y las pensiones han subido un 1%. Pero si la inflación es de un 1,8% -es decir, todo será un 1,8% más caro- quiere decir que todos los anteriores serán más pobres el año que viene, porque su sueldo no será suficiente para pagar el incremento de los precios].

- Reducción de las ayudas a los desempleados (políticas pasivas), fomentando las políticas activas del mercado de trabajo. Según el discurso anglosajón, las políticas pasivas (el dinero que los trabajadores reciben cuando están desempleados y que han pagado previamente con sus cotizaciones), desincentivarían la búsqueda de empleo. El trabajador estaría más fácilmente en su casa esperando una oferta que le satisfaciera (en calidad, cantidad, sector y localización geográfica), en vez de buscarla activamente. Esto quitaría dinamismo al mercado de trabajo y aumentaría la tasa de desempleo (aunque los estudios comparativos internacionales de desempleados no muestran claramente un significativo mayor tiempo de búsqueda de empleo de los trabajadores europeos frente a los norteamericanos). Por ello se propone reducir la duración de esas ayudas a la mínima expresión.

En esa línea, las políticas activas, formarían a los trabajadores, reciclarían sus habilidades y les orientarían y facilitarían la inserción en nuevos empleos. Éstas se basan en la idea de mantener la “empleabilidad” y adaptación constante al cambio de los trabajadores. Así, no es tan importante, según la lógica neoliberal, un trabajo para toda la vida, como ser capaz de adaptarte a nuevos trabajos. Aunque estas políticas, fomentadas también por la UE, son positivas en líneas generales, tienen limitada influencia en la creación de nuevos puestos de trabajo. Más grave, permiten la existencia de una bolsa de trabajadorxs excluidos del mercado laboral, sin empleabilidad, a los que las políticas activas dificilmente pueden re-incorporar (parados de larga duración, personas mayores de 50 años…). Para estos, se promueven las rentas básicas o salarios de inclusión social (nada que ver con la renta básica universal, que se dirige a toda la ciudadanía). La creación de una ayuda a desempleados sin prestaciones laborales de 426 euros iba en esa dirección. Su eliminación supone, en definitiva, apostar por las políticas activas frente a las pasivas, permitiendo una bolsa de exclusión social que queda a la deriva y que incrementará la pobreza extrema, deshaucios y conflictividad social en el Estado, como otros artículos han explicado más extensamente. Fecha de implementación: Diciembre 2010. [Nota: Dolores de Cospedal ha eliminado en Diciembre de 2011 el servicio público de empleo derivándolo a la Consejería de Empleo, así que parece que incluso este ámbito que parecía más estable corre peligro. Sobre las ayudas a los desempleados, en principio se mantienen con Rajoy, aunque son previsibles nuevas reformas en esta línea].

- Reformas de los sistemas de pensiones. La reforma de los sistemas de pensiones, explicada en profundidad en otro lugar, va en una doble dirección. Por un lado, privatizar parcialmente su gestión en la medida de lo posible, en la línea que países como Estados Unidos, pero también Alemania, Italia o Francia han emprendido. Estos sistemas son muy jugosos porque 1) suponen billones de euros que los trabajadores abonan, hasta la fecha –y a pesar de los millones de parados- siempre con superávit; 2) permiten una base disponible de dinero que es utilizada en inversiones por los gestores de fondos privados (es decir, que se enriquecen con el dinero recaudado a los trabajadores-futuros pensionistas); 3) se carga el riesgo a los trabajadores (si la empresa de pensiones quiebra, como ha sucedido en USA, los trabajadores pierden sus pensiones). Repito, para el Estado es una mala jugada, porque obtiene beneficios de las cotizaciones de los trabajadores. Para los trabajadores, también, porque incrementan su riesgo de no tener jubilación. Pero para las empresas de pensiones es una jugada maestra: reciben dinero por prestar un servicio y a cambio pueden invertir y especular con las cotizaciones obtenidos, incrementando nuevamente sus beneficios.

La segunda reforma es la que se dirige a aumentar las cotizaciones de los trabajadores (es decir, que paguen más) o reduciendo las pensiones futuras. Esto se hace, en la práctica, o bien aumentando la edad de jubilación (que se trabaje más años) o bien reformando el número de años que sirve para hacer el cálculo de la jubilación. Dado que al principio de la vida laboral, los trabajadores suelen (solían) tener peores trabajos que al final de su carrera (porque vas ascendiendo), cuantos más años incluyas, mayor es la posibilidad de que se haga la media con el sueldo de los trabajos malos que tuviste. De esta forma, la reforma de pensiones aumenta el número de años trabajando (se pagará más) y la base que sirve para hacer la media del sueldo en la jubilación (se cobrará menos). Y lo especialmente grave no será lo primero sino lo segundo, porque reducirá el poder adquisitivo (y de consumo) de los nuevos pensionistas. Fecha de implementación: Enero 2011.

(IV) Estrechando el Estado


Uno de los pilares de la argumentación neo-liberal es la proclama por la reducción del gasto público y del déficit de los Estados. Como machaconamente recuerda el Partido Republicano americano o su Tea Party, el Estado no debe inmiscuirse en los asuntos ciudadanos. Los impuestos –o al menos los impuestos excesivos- serían una intromisión, así como las políticas redistributivas de la renta (que se cobren más impuestos a los más ricos frente a los más pobres y que a través de políticas sociales –o sanidad, educación…- se distribuya parte del dinero de los ricos a las clases medias y bajas) y las del Estado del Bienestar. Sólo determinadas políticas públicas son bendecidas por estos núcleos de opinión: las que defienden la seguridad nacional (el gasto en Defensa) y las que promueven un mejor entorno económico (infraestructuras, obtención de energía, investigación aplicada…). Aunque piden la externalización a contratistas externos de estas áreas. La Unión Europea y sus planes de estabilidad económica han limitado el déficit público de los Estados. Si bien endeudarse no es positivo, lo adecuado sería alternar períodos de ganancia (cuando la economía va bien), con otros de déficit (cuando hay crisis). O lo que deberíamos hacer todos, ahorrar cuando nos va bien, para cuando necesitemos ese dinero. Entre las medidas dirigidas a reducir el gasto público se encuentra las siguientes:

- Reducción de sueldos y empleos y externacionalización de servicios. Aminorar la carga salarial de las Administraciones es una primera media que reduce el endeudamiento de forma rápida y directa. La “cara b” de esta medida es que a menor sueldo, menor consumo (tienes un 5% menos cada mes para ir a cenar, comprar ropa o ir de viaje), lo que perjudica la recuperación económica, desde una perspectiva keynesiana. Reducir empleos en la Administración Pública consigue el mismo efecto. Por ejemplo, el Reino Unido pretende eliminar más de 1 millón de empleos en los próximos años dependientes de la Administración. Esto puede tener 2 consecuencias. Para empezar, las personas que pierden (o dejan de obtener) su trabajo en la Administración, pasan a ser desempleadas, con lo que se reduce el número de personas que pueden consumir en la economía (suponiendo que la economía capitalista se basa en gran parte en la venta de productos de consumo). Esto sucede en áreas que pueden ser suprimibles (p.ej., cargos de confianza políticos) u otros que permiten el empeoramiento del servicio (p.ej., educación y sanidad, a costa de incrementar el número de alumnos por clase o el ratio médico/paciente). Sin embargo, habitualmente esta reducción de empleos se compensa con una contratación externa de servicios que puede ser más costosa (ej: hospitales en Madrid) o barata que los trabajadores anteriores. Cuando es más barata, sin embargo, lo es a costa de alterar las condiciones de los trabajadores. Por ejemplo, un limpiador en un Ayuntamiento se va a la calle (o se jubila). Antes, el viejo trabajador, era fijo y cobraba 1000 euros. Ahora, el nuevo limpiador, será temporal y cobrará 600 euros. O, sustituir un administrativo o un informático (1200 euros) en una Universidad por un becario 300 euros) que haga las mismas funciones. [Nota: Una nueva reducción en esta línea ha sido aprobada en el primer paquete de medidas de Rajoy, que ha situado la tasa de reposición de los empleados públicos que se retiren en 1/10. Es decir, ahora o dejará vacantes esos servicios –por falta de personal- o los externalizará]

- Reducción de inversiones púbicas: Las infraestructuras es de lo primero que se vió afectado por la crisis. Si bien las inversiones públicas tienen que ser de carácter estratégico y no todas las inversiones producen riqueza (Plan E) o son rentables (hay decenas de ejemplos de autovías innecesarias –donde podría hacer una vía rápida, que a la vez permitiera extender la red de carreteras rápidas-), el finalizar con toda la inversión pública provoca desincentivación económica desde el Estado e imposibilita que éste sirva de motor económico para una economía que ya está en crisis.

o Estrechamiento del Estado: En general, se reducen los gastos de todas las áreas, desde los servicios del Estado del bienestar, a ayudas, a financiación de CCAA y Ayuntamientos (ojo: si las CCAA están en deuda, ¿es por excesivo gasto o por insuficiente financiación del Estado). La utopía neoliberal concluye que cuanto más estrecho sea el Estado (excepto en policía y ejército), mejor funcionará la iniciativa privada (pero a costa de enriquecerse comerciando con servicios básicos –educación, sanidad o energía-).

o Privatizaciones: La venta de entidades rentables (o que serían rentables con una buena gestión) a inversores privados a precio de ganga consigue obtener beneficios a corto plazo pero hipotecar el futuro a largo plazo. Es vender el coche para comprar gasolina. Un error porque evita la posibilidad de obtener beneficios con empresas públicas (ningún estudio ha demostrado que una empresa pública per se sea menos eficiente que una privada). Entre los ejemplos, AENA (pero sólo los aeropuertos rentables), Loterías del Estado… al igual que antes Telefónica o Endesa. Pero, queda claro, eso no va a implicar mejoras en precio o calidad. [Nota: si queda algo por vender, se venderá en los próximos meses, siguiendo el ejemplo del expolio griego, que nadie lo dude].

o Privatizaciones encubiertas: Un ejemplo de las privatizaciones encubiertas ha sido el paso de las Cajas de Ahorros de entidades semipúblicas a privadas. Así, se ha eliminado la competencia a los bancos, comiéndose su pastel, eliminando su obra social y erradicando la función social más importante que cumplían las cajas de ahorros, el evitar la exclusión financiera, al mantener oficinas Villacastilla del Monte o cualquier otro pueblo de tamaño muy reducido y, por tanto, poco rentable para los grandes bancos. Por otra parte, este paso de entidades semi-públicas a privadas ha rallado la corrupción, como las indemnizaciones a directivos están demostrando.

(V) El recorte del Estado del Bienestar

La enciclopedia Wikipedia define el Estado del Bienestar como una “propuesta política o modelo general del Estado y de la organización social, según la cual el Estado provee ciertos servicios o garantías sociales a la totalidad de los habitantes de un país”. Entre los servicios que puede facilitar universalmente se encontraría las pensiones, la sanidad, el desempleo, los servicios sociales, el derecho a la educación, la cultura y otros servicios públicos.

Si bien la mayoría de la población apoya estos servicios y a veces parecen rasgos característicos de los propios Estados, la cosa no es tan sencilla. Los Estados del Bienestar no nacen como consecuencia lógica del incremento de la riqueza de las economías liberales de los Estados, sino como una forma de confrontar políticamente el riesgo de propagación del comunismo en Europa tras las primeras décadas del siglo XX. Así, los Estados occidentales en Europa –y especialmente los más cercanos a los países comunistas- desarrollan modelos de bienestar, con la intención de demostrar que era posible combinar economía de mercado y calidad de vida para los trabajadores. Sin embargo, y este aspecto es clave, allí donde no existe esa presión comunista, por ejemplo en Estados Unidos, no se desarrollan Estados del Bienestar.

Por ello no es extraño que importantes núcleos económicos a nivel mundial hayan apoyado el crecimiento de gobiernos socialdemócratas y Estados del bienestar en Sudamérica en la última década (pero no en Europa), como forma de frenar la extensión del socialismo del siglo XXI venezolano. Resumamos, cuando la izquierda transformadora no supone una alternativa real al modelo neoliberal, los Estados del bienestar (públicos y universales) pasan a ser prescindibles.

Muchos creíamos que al construirse un consenso social explicativo de la crisis económica basado en los desmanes neoliberales, especulativos y financieros, ello implicaría una reformulación del propio modelo económico. La paradoja es que las respuestas no han sido más control de la ciudadanía sobre los mercados sino lo contrario. No se ha controlado más la especulación sino que los especuladores han terminado por controlar a los Estados (por primera vez no sólo lo hacen –eso no es nuevo- sino que lo dicen públicamente). Y ello ha provocado que las únicas soluciones llevadas a cabo han sido las que cuestionan los derechos sociales y laborales, así como la autonomía de los propios Gobiernos.

La causa ha sido, claramente, el desconcierto del social-liberalismo (especialmente del alemán y el francés, en crisis y descomposición en la última década, y del inglés y el español) que ha temido implementar desde el poder o la oposición un discurso crítico y transformador hacia las entidades financieras y especulativas. En realidad, nunca han sido críticos con estos poderes desde el afianzamiento de las terceras vías a mediados de los 90 (González, Clinton, Blair, Schröder), que finiquitaba cualquier apuesta por la socialdemocracia, por corregir los males del mercado redistribuyendo sus beneficios y alterando así la sociedad. Como no han tenido discurso en la práctica, sus odas a un vacío “reformular el capitalismo” no han servido de nada.

Por su parte, la izquierda transformadora, de inspiración socialista o socialdemócrata, ha llegado a esta crisis muy débil, tanto por el progresivo alejamiento de sus élites políticas de los movimientos sociales, como por su ineficaz acción internacional, las tensiones entre corrientes o la desactivación a las que les sometieron los gobiernos y partidos social-liberales. Aunque el porcentaje de votos de estos partidos ha crecido en todos los países donde no estaban en coaliciones de gobierno, su debilidad no les permitía encabezar un movimiento transformador de masas.

De esta forma, al no percibirse la izquierda transformadora o incluso social-liberal como una amenaza por los establishment económicos, ha parecido que no había alternativa o que “el socialismo ha muerto”. Por ello, los Estados del bienestar y las medidas creadas para mejorar la calidad de vida de la población han comenzado a ser prescindibles. ¿Por qué? Porque la ciudadanía no tiene otro modelo (o este modelo no llega a una parte significativa de ésta) al que aferrarse. Sin proyecto de izquierdas, las únicas respuestas son el inmovilismo (no cambiar nada) o el cambio en la línea neoliberal. Pero, ¿qué consecuencias pueden producirse?

- Privatización de la investigación pública. El proyecto neoliberal considera que la Universidad ha de estar ligada a la creación de conocimiento aplicado y aplicable directamente por las empresas. Es decir, han de conectarse los grupos de investigación en las Universidades con organizaciones empresariales, poniendo parte del trabajo de los primeros a disposición de los segundos, a cambio de fondos económicos para investigación. La investigación no estaría basada en las prioridades sociales (mecanismos para reducir la contaminación en un Departamento de Bioquímica, por ejemplo) sino en prioridades empresariales (mejorar la eficiencia en la combustión de un compuesto químico). [Nota: el primer paquete de medidas de Rajoy ha reducido la inversión pública en I+D+I en un 7% -600 millones de euros-, que van a dejar a miles de investigadores/as en desempleo –contando sus ya de por sí precarias condiciones de empleo-. En la práctica, lo que se pretende es sustituir esa financiación por aportaciones privadas –suponiendo que se produzcan- lo que pondrá a los investigadores formados en el sector público a trabajar por los intereses privados, limitando también la investigación más básica, dirigida a desarrollar descubrimientos a medio plazo, pero que no tienen a corto plazo una aplicación comercial]

- Elitización y privatización encubierta de la educación pública: El Espacio Europeo de Educación Superior (el Plan Bolonia), adaptaba el modelo de libre mercado y competitividad en que se basa la Unión Europea (su principal pilar, junto a los fondos agrarios y a ciertas instituciones comunes) a la educación superior. Sin embargo, aunque pretende una orientación hacia el mercado de las asignaturas que se imparten –las competencias profesionales-, los Estados tienen autonomía para decidir cómo implementar en la práctica este plan europeo. En cualquier caso, las soluciones comunes han sido un énfasis en la calidad universitaria. Sin embargo, la calidad no se ha logrado por la vía del aumento de la financiación pública (si quisieras comer una carne de mayor calidad, ¿no sería lo más fácil el gastarte más dinero en una carne más cara y buena?), sino por el incremento de la financiación privada. Y este dinero privado proviene de dos fuentes. La primera, las empresas, como antes hemos explicado, que pueden financiar la educación o desarrollar másters en la medida en que se orienten hacia sus intereses.

La segunda, los estudiantes, al incrementar las tasas universitarias. De esta forma, en los últimos años se ha doblado el precio de los Grados (primeros 4 años) y multiplicado varias veces el precio de los Másters (1 o 2 años) y de los Doctorados. A la par, como recoge el periódico Diagonal en un reciente artículo, se han reducido las becas y sustituido éstas progresivamente por préstamos renta; es decir, por préstamos que los estudiantes piden a los bancos para poder estudiar y que devuelven progresivamente tras acabar la carrera y empezar a trabajar. Si estos en un primer momento no tenían intereses y sólo se devolvían si se conseguía un trabajo pagado con más de 22.000 euros al año, ahora ya tienen intereses y se ha eliminado la segunda condición. De esta forma, cada vez es más caro estudiar en la Universidad y no todo el mundo tiene acceso a un Máster (nivel equivalente a los licenciados de antaño). Y aunque podría parecer lógico que el acceso al Máster estuviera limitado exclusivamente por las notas, en realidad no es siempre así. Conforme se encarece el precio de estos, los graduados deben de decidir entre tres opciones: endeudarse para acceder al Máster, pedir dinero a los padres o comenzar a trabajar. Parece claro que la opción segunda es la más sencilla y también que a mayor nivel en la clase social, más facilidad para que ésta sea viable. Por ello se dice que se elitiza la Universidad, porque las clases altas van a tener más facilidad para estudiar los niveles superiores de la educación que las clases medias y bajas.

Pero el problema va más allá. Las recientes reformas llevadas a cabo en el Reino Unido, que han incrementado el precio de los Grados hasta más de 15.000 euros, según la Universidad, van a marcar la agenda de los próximos gobiernos conservadores en Europa. Al incrementar hasta ese nivel el precio de estudiar en la Universidad, bajo el pretexto de aumentar la calidad universitaria (¡como si la igualdad en el acceso –coger a los mejores independientemente de su renta- no fuera un indicador de calidad!), se consigue privatizar la Universidad y eliminar las posibilidades de que las clases medias y bajas pueedan acceder a ésta. La Universidad es un instrumento de movilidad social que hace que entres siendo un hijo de un albañil y puedas salir siendo un ingeniero. Si sólo los hijos de los ingenieros pueden entrar, poco cambio en la sociedad es de esperar. Finalmente, está reforma también es contraproducente, ya que al no coger a los mejores (u obligar a que se hipotequen para estudiar), la productividad y los avances de un país puede verse afectada. Las personas que no llegan a la Universidad, si son más creativas o inteligentes que las que sí que llegan, podrían ser mejores profesionales o desarrollar experimentos novedosos que hicieran avanzar la ciencia o la tecnología. [Nota: Esta precarización ha llegado también al sector educativo en la enseñanza secundaria –recortes en Educación en Madrid- y al profesorado universitario, con las universidades excelentes como la Pompeu Fabra, batiendo records de temporalidad. Para Viejo y Delclós, en la Universidad se oponían dos modelos: “el mando neoliberal” y “la universidad precaria”. Aquí, según los autores, se ha pasado de una masificación de la enseñanza universitaria (LAU/LRU, a partir de 1979), a subordinarla al proyecto neoliberal (Informe Bricall y LOU, Plan Bolonia) y a, con el pretexto de la crisis, blindar el neoliberalismo por medio de la “gobernanza universitaria (elitización del acceso, depreciación del grado, selección clasista de los másteres, etc.)”, dentro de una tensión social creciente que vincula lo que pasa dentro y fuera de la Universidad. En la práctica existe un “fin de las fronteras entre las figuras del trabajo universitario (profesores e investigadores, personal de servicios y estudiantes). Cabría preguntarse ¿qué es, en rigor, un becario que trabaja en una biblioteca mientras realiza su tesina?”. Para los autores, queda demostrado que “la precariedad no es una coyuntura generacional, es el futuro neoliberal”.]

- Privatización de la sanidad: Tras reducir el personal público en la Sanidad o limitar los fondos para este concepto, el siguiente paso es una privatización parcial sanitaria. Al igual que en Madrid se han construido hospitales privados a los que el Gobierno paga una tasa anual por su gestión, similares procedimientos se han aplicado en Europa. El resultado es doble. Se aumenta el gasto sanitario: en Madrid, en 10 años se ha pagado ya más en tasas a estos hospitales privados (y lo que queda) que lo que hubiera costado el construirlos y gestionarlos públicamente. Se empeora la calidad sanitaria: Los fondos para los hospitales públicos se reducen por el reparto, pero los centros privados remiten a los públicos los pacientes más graves. Los públicos tienen menos medios para atenderles que anteriormente. Los privados, tienen mayores tasas de mortalidad, y menores indicadores de calidad, como explica Vincenç Navarro en un artículo en el Diario Público. No obstante, el dogma neoliberal repite incesantemente que la sanidad privada es mejor que la pública. No es así (sólo hace falta comparar los indicadores de salud en Estados Unidos y en Europa), es más cara y tiene peor calidad. Pero, desgraciadamente para nosotros, es un negocio muy rentable para las grandes empresas que proveen servicios sanitarios, lo que les ha convertido en uno de los lobbys más importantes en Estados Unidos y a nivel mundial. [Nota: Los recortes sanitarios bajo el gobierno de CiU en Catalunya han empeorado las condiciones, cerrado servicios y causado muertes]

- Reducción de ayudas a colectivos necesitados. Aunque el gobierno de ZP las ha mantenido a grandes rasgos, Rajoy, en su primer paquete de medidas ha anunciado algo que será tónica: a los creadores de la crisis les importa bastante poco los grupos excluidos en la sociedad. En un primer paso, se han limitado las nuevas ayudas a la dependencia o las ayudas a la emancipación juvenil. Que nadie dude que estos colectivos no serán los últimos.

(VI) Las consecuencias: ¿Por qué llevamos a cabo esas políticas?


1. De la desestabilización económica y financiera a la crispación y represión social.

Escribí este título a este apartado en Febrero, sin llegar a escribirlo. La idea original era alertar de que más políticas neoliberales, a la larga, causarían sufrimiento, inestabilidad, conflicto social y, finalmente, represión, como intento de control por parte del Estado. Aunque el número de jornadas de huelga ha estado este año en el mínimo histórico desde el comienzo de la “democracia”, la inestabilidad social se hizo visible en Mayo con las manifestaciones contra las “retalladas” en Catalunya y con la aparición del 15-M y siguió en Otoño con la marea verde en Madrid. Era lógico, si los gobiernos realizan políticas contra sus ciudadanos, a la larga, va a apercer desafección hacia ellos, desinterés, críticas y amplias movilizaciones. Más allá, como explicaremos más adelante, la situación económica, lejos de mejorar, empeora a cada mes. ¿La causa? Los especuladores financieros son INSACIABLES, porque esa es precisamente su función. Como alerta Juan Torres, los Estados que más han aplicado las medidas del FMI y el BCE no son los más saneados sino precisamente los que más se están hundiendo económicamente. Más allá, a más políticas de ajuste, más inestabilidad social y represión, lo que a su vez también generará efectos económicos. El PP ya ha amenazado con “no permitir” movilizaciones del 15-M en el espacio público, con lo que volveremos a la espiral crispación-movilización-represión-crispación-movilización.

2. La nueva situación: derechos recortados y economía especulativa frente a productiva.

La nueva situación se entiende desde dos puntos de vista. Desde la visión del saqueo y desde la visión de aumentar la rentabilidad. En el primer punto de vista, con un país en riesgo de quiebra, sucede lo mismo que tras un terremoto o una situación de caos ciudadano: “como no sé lo que pasará, mejor me llevo lo que pueda”. Aquí no se rompen escaparates para coger televisores sino que se obtienen ingresos para el pago de la deuda (garantizados tras la reforma constitucional del PPSOE, se obtienen beneficios indecentes, se “roban” a la ciudadanía cajas de ahorro o se obtienen empresas a precio de ganga. Pero, se sigue exactamente la misma lógica. Desde la visión de aumentar la rentabilidad, se pretende que sea más rentable el invertir una economía. Menos salarios, mejores condiciones para despedir, más ayudas a las empresas, más áreas básicas donde puede entrar la iniciativa privada (y que quieras o no tienes que “comprar”, ya que probablemente desees tener educación para tus hijos o sanidad si estás enfermo). Así, la situación final es más rentable que la inicial para los inversores, con la diferencia de que, por el contrario, lo es mucho peor para trabajadores y ciudadanía en general. Sus salarios son más bajos y tienen menos seguridad, hay menos dinero en movimiento para el consumo y la economía productiva tiene menos peso (frente a la especulativa). Es decir, la población sale de la crisis, pero empobrecida, en peores condiciones que las iniciales y saqueada, porque le han expoliado sus recursos públicos. Finalmente, la economía es más inestable porque se basa menos en la producción y el consumo y más en dinámicas especulativas.

(VII) La postpolítica, la crisis de la deuda y las posibles salidas


Zizek o Mouffe (en Errejón, 2011) señalan como “postpolítica”, donde se anestesia el “conflicto mediante una operación que estrecha al máximo el abanico de opciones “razonables” sobre las que la ciudadanía puede pronunciarse, al mismo tiempo que intensifica hasta extremos histriónicos la discusión dentro de ese claustrofóbico marco”. Así, se deslizan “como “naturales” proposiciones fuertemente ideológicas […], predeterminando al máximo las preguntas posibles, se aseguraba de obtener siempre las mismas respuestas”. La mistificación de la técnica en la gestión, el mercado como agente de progreso, la supuesta ineficiencia de lo público y la movilidad social ascendente son algunos de los mitos, para Errejón, de esa anestesia neoliberal o ese difuso “fascismo social en tanto que ‘odio del penúltimo hacia el último’”.

Por supuesto, se repite continuamente el “sentido común” de que “todos somos responsables” de la deuda privada contraída, al igual que el Tea Party calificaba de “losers” y culpabilizaba a aquellos que contraían una hipoteca que luego no podrían pagar. Es cierto que una buena parte de aquellas personas que invertían en bolsa en los buenos tiempos lo hacían con la esperanza de “ganar dinero gracias al sistema capitalista” o que quien compraba una vivienda a un precio escandaloso lo hacía alentado bajo la idea de que “estoy haciendo negocio porque en unos años valdrá unas decenas de miles de euros más”. En cierta medida, tampoco nos ha importado demasiado el endeudamiento a niveles asombrosos de los Ayuntamientos –indistintamente del signo- de ciudades como Madrid, Zaragoza u Oviedo, careciendo de cualquier responsabilización electoral a sus causantes –¡como si no fuéramos a pagar al fin esa deuda!-. Pero también hay que recalcar que no existía herramienta dentro del sistema para controlar el gasto público en los Ayuntamientos (referendos ciudadanos, presupuestos participativos) y que las actuaciones especulativas rondaban la corrupción. Además, la proclama de proponer soluciones individuales ante problemas colectivos (alto precio de las viviendas donde “o lo tomas o lo dejas”), no parece justa o ética y requeriría soluciones colectivas.

El premio Nobel de Economía Amartya Sen alertaba en Junio de cómo se estaba socavando “el gobierno democrático de Europa”. Según él, aunque aceptaramos que los jefes de las finanzas entendieran qué acciones necesitarían emprenderse, lo que habría que hacer es “prestar atención a su opinión, manifestada dentro de un diálogo democrático”, algo muy diferente a permitir que “las instituciones financieras y las agencias de calificación dispongan del poder unilateral de imponerse sobre gobiernos elegidos democráticamente”. Un asunto que es más grave cuando el resultado de los recortes inmediatos “puede significar matar a la gallina que pone el huevo de oro del crecimiento económico”.

Boaventura de Sousa Santos, catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra, pide que Europa aprenda “de la experiencia del mundo [Latinoamérica]”. Expone varias lecciones. La primera, que “la idea de que las crisis constituyen oportunidades es una verdad ambigua porque las oportunidades van en direcciones opuestas y son aprovechadas por quienes se preparan mejor antes de la crisis”, como se ve en la “doctrina del choque” que ha desarmado a la izquierda e implementado un sentido común neoliberal, ya que la primera “no ha podido aprovechar la crisis para mostrar el fracaso del neoliberalismo (tanto por el estancamiento como por la injusticia) y proponer una alternativa posneoliberal”. Algo similar le ha sucedido al movimiento ecologista. La segunda es que “la liberalización del comercio es una ilusión productiva para los países más desarrollados. Para ser justo, el comercio debe basarse en amplios acuerdos regionales que incluyan políticas industriales conjuntas y la búsqueda de equilibrios comerciales dentro de la región”, cosa que no sucede dentro de la Unión Europea –con un “colonialismo alemán”-. La tercera, que “la democracia puede desaparecer gradualmente y sin necesidad de un golpe de Estado”, suspendiendo constituciones o elecciones democráticas. Así, el “estatuto de los bancos centrales, creado para hacerlos independientes de la política, ha hecho que la política dependa de ellos”. Más allá, una vez conquistada parcialmente la democracia “puede ser destripada por la corrupción, la mediocridad y pusilanimidad de los dirigentes, así como por la tecnocracia en representación del capital financiero”.

Boaventura de Sousa Santos por ello, ante la nueva radicalidad neoliberal, señala que también se abre una nueva transparencia. Tres cosas transparentes que se omiten. Primero, recuerda “no es posible volver a la “normalidad” en el actual marco institucional europeo. En este marco, la Unión Europea camina inevitablemente hacia su descomposición. A Italia le seguirán España y Francia”. Segundo, “las políticas de austeridad, además de ser injustas socialmente, no sólo son ineficaces, sino también contraproducentes. Nadie puede pagar sus deudas produciendo menos, por lo que después de estas medidas vendrán otras aún más severas, hasta que el pueblo (no tengamos miedo de la palabra), golpeado y desesperado, diga basta”. Tercero, “los mercados financieros, dominados como están por la especulación, nunca recompensarán a los portugueses, los griegos o los irlandeses por los sacrificios hechos, pues la insuficiencia de estos sacrificios es lo que alimenta los beneficios de la inversión especulativa”. En ese contexto, “[s]in controlar las dinámicas especulativas, (…) el desastre social se producirá de todos modos, tanto por la vía de la obediencia como de la desobediencia a los mercados”. Pero va más lejos y recuerda que las soluciones han de estar articuladas entre algunos países del euro, como mínimo (siguiendo el ejemplo de América Latina). Sugiere dos soluciones. Un escenario A, que busca ejercer presión junto a otros países para federalizar la democracia Europea (más poder al Parlamento Europeo, elección de la presidencia, control de la Comisión Europea, control democrático del Banco Central Europeo e intervención activa de éste) y llegar a un mutuo acuerdo sobre la deuda, además de una política industrial que evite los desequilibrios comerciales dentro de Europa (más importación europea de Alemania, por ejemplo: “Alemania, que tanto exporta al resto de Europa, ¿no debería importar más del resto de Europa, abandonando el mercantilismo de su incesante búsqueda de excedentes comerciales?”) por medio de una política aduanera y de preferencias comerciales intraeuropeas, buscando acercar los lugares de consumo y de producción. Y es que la “rendición al imperialismo alemán significaría que en Europa sólo tiene derecho a la democracia quien tiene dinero”. Un escenario B, ante el previsible fracaso de las demandas anteriores, que pasa por la salida del euro, sólos o con otros países ya que, con él, “las desigualdades entre países no han dejado aumentar”, y una “auditoría de la deuda”. Para Boa Sousa Santos “[l]os costes sociales de la solución B no son más elevados que los costes del fracaso de la solución A y, al menos, dejan ver una luz al final del túnel”.

Así que sólo queda elegir: O el Plan del FMI o Mirar el ejemplo de Islandia y Latinoamérica.

La coalición “La izquierda de Aragón”: ¿éxito o fracaso para la Chunta?

La coalición “La izquierda de Aragón”: ¿éxito o fracaso para la Chunta?

30 de Noviembre de 2011

La coalición CHA-IU-iniciativa social obtuvo el pasado 20-N un acta de diputado por la provincia de Zaragoza tras recabar 74.655 votos.

Toca juzgar si éste ha sido o no un buen resultado. Un buen resultado debía de cumplir tres condiciones: obtendría el diputado deseado, superaría el porcentaje de votos de las anteriores elecciones al Parlamento de Aragón de Mayo y reactivaría la tendencia de estancamiento –o descenso- en el voto a CHA. Para ello se apoyaría en una inercia general de crecimiento de la izquierda en el conjunto del Estado, recogiendo un voto desancantado con el PSOE.

La coalición debía de servir a ese objetivo estratégico, reforzada por el apoyo de iniciativas sociales como cuchaaragonesa.org, La Olivera Aragonesa, Mesas de Convergencia de Zaragoza, un llamamiento en Actuable.es y un conjunto de intelectuales y activistas sociales autodenominados como “iniciativa social”. La fuerza del 15M en las principales ciudades aragonesas y –especialmente- en Zaragoza podría haber ayudado a conectar con nuevos sectores sociales –como ha sucedido en lugares como Valencia, Madrid o Málaga, contribuyendo a debilitar el bipartidismo.

Por el contrario, es justo señalar que para una parte del electorado tradicional de CHA e IU podía ser complicado el respaldar esta coalición (rechazo al nacionalismo, posición en temas hidráulicos). De hecho, en muchas coaliciones de partidos, la suma no es igual a la suma de sus partes (a veces es menos –como Compromis y Esquerra Unida en el País Valencià o Geroa Bai y Amaiur en Nafarroa- y otras es más –como Bildu y Amaiur en el País Vasco-).

Resultados electorales en pasados comicios electorales

En las elecciones nacionales de Mayo en Aragón la suma de CHA+IU alcanzó 97644 votos y el 14,4%. CHA recibió 55.875 (8,24%) e IU 41.769 (6,16%). En las generales de 2008, la suma fue de 8,06% y 60018 votos (4,98% CHA y 2,84% IU).

En Zaragoza, la suma de CHA+IU alcanzó el 15,74% de votos (75.288 votos). CHA recibió 44381 sufragios y el 9.28 % (8,72% y 41.993 en las municipales) e IU 30.907 y el 6.46 % (6,11% y 29.443 en las municipales). En las generales de 2008 había sido del 8,76% y 48012 votos (5,89% CHA y 2,87% IU).

En Mayo en Huesca CHA+IU sumaron el 10,91% y 13067 votos. CHA obtuvo 7441 y el 6,21% (7252 y 5,98% en las municipales) e IU 5626 y 4,7% (4756 y 3,92% en las municipales). Por el contrario, en las generales de 2008 se quedaron en un 5,82% y 7707 votos (2,94% CHA y 2,88% IU).

En Mayo en Teruel CHA+IU llegaron al 11,6% y 9289 votos. CHA obtuvo 4053 votos y 5,06% (3896 y 4,79% en municipales) e IU 5236 y 6,54% (5239 y 6,44% en municipales). En las generales de 2008 se quedaron en un 4,96% y 4299 votos (2,34% CHA y 2,62% IU).

Por lo tanto, las cifras muestran un suelo electoral (8,76% en Zaragoza, 5,82% en Huesca y 4,96% en Teruel) y un techo (15,74% en Zaragoza, 10,91% en Huesca y 11,6% en Teruel). El suelo electoral está relacionado con el voto útil ante la imposibilidad de obtener un diputado según la Ley D’Hont (por ello se agudiza en Huesca y Teruel) y ante una diferenciación entre voto regional y nacional. Las personas que votan en clave regionalista –a partidos de ámbito aragonés- en las elecciones al Parlamento de Aragón, suelen hacerlo en clave nacional –a partidos de ámbito estatal- en las elecciones al Congreso de los Diputados. Algo parecido ha ocurrido en Asturies con Foro Asturias de Cascos o en Cantabria con el PRC de Revilla–que han perdido la mitad de sus votos en estas elecciones-. En la medida en que CHA camine hacia un voto regionalista, esta diferenciación se agudizará entre estos dos tipos de elecciones. Hay que recordar que eso no estaba sucediendo cuando más claro estaba el discurso nacionalista –y de izquierda-, lo que llevo a CHA a obtener su techo electoral en las elecciones al Congreso por Zaragoza de 2004, encabezadas por José Antonio Labordeta.

Resultados electorales del pasado 20-N

Los resultados de la coalición han sido 74.655 votos y 10,52% (8,06% en 2008, 14,4% en Mayo) en el total de Aragón. Por circunscripciones, en Zaragoza se han obtenido 58749 votos y un 11,46% (8,76% en 2008, 15,74% en Mayo). En Huesca, 9820 votos y 8,18% (5,82% en 2008, 10,91% en Mayo). En Teruel, 6086 votos y un 7,91% (4,96% en 2008, 11,6% en Mayo).

Es decir, en Aragón se han subido 2,46 puntos porcentuales desde 2008 (uno de los peores momentos históricos tanto de IU como de CHA), pero se han bajado 3,88 puntos desde Mayo. Eso sería normal, ya que en Huesca y Teruel, el voto útil podría haber ido para un partido con posibilidad de obtener diputado: ES LÓGICO QUE EN HUESCA Y TERUEL EL VOTO BAJE DE LAS ELECCIONES A CORTES A LAS DEL CONGRESO Y SENADO. Así, en Huesca se sube 2,36 puntos porcentuales desde el 2008, pero se baja 2,73 desde Mayo. Y en Teruel, se sube 2,95 puntos desde 2008 y se baja 3,69 desde Mayo.

Sin embargo, en Zaragoza, con un menor llamamiento al voto útil –las encuestas reconocían una posibilidad clara de obtener diputado a la coalición- y una amplia implicación del tejido social, el resultado sigue esta misma tónica. Se sube 2,7 puntos porcentuales desde 2008, pero se baja 4,28 desde Mayo. Es decir, LA MAYOR PÉRDIDA DE VOTO DESDE LAS ELECCIONES DE MAYO SE PRODUCE EN LA CIRCUNSCRIPCIÓN DE ZARAGOZA. De hecho, podría atribuirse –y coincide- el ascenso en voto (una media de 2,46 puntos), a la subida de IU en Aragón en los últimos 3 años. Esto se agrava aún más en la ciudad de Zaragoza, donde se da un descenso de 4,49 puntos porcentuales desde Mayo (se pasa de un 17,16% a un 12,67%).

Y es que lo esperable en estas elecciones era que las cifras se acercaran más al suelo electoral en Huesca y Teruel, donde era imposible alcanzar el acta de diputado, mientras se estaría más cerca del techo cuando sí era posible –en Zaragoza-. La alegría por la obtención del objetivo mínimo que justificaba la coalición –el escaño de Chesus Yuste- no debe de ocultar la preocupación por el hecho de que se han perdido 22989 VOTOS Y 3,88 PUNTOS PORCENTUALES DESDE LAS ELECCIONES DE MAYO DE 2011 (y hasta 4,49 puntos y casi 10.000 votos en la ciudad de Zaragoza). Chunta-IU han recibido solamente el 76,46% de los votantes de Mayo, perdiendo el 23,54% de sus votos. Es decir, 1 de 4 votantes de CHA o de IU en Mayo han optado, apenas 6 meses después por la abstención o por otra opción política (sin apenas trasvase hacia el PSOE y sin la existencia de voto útil). Esta situación no se produce en el resto de circuncripciones en el Estado, donde los partidos de izquierda incrementan o mantienen sus votos desde Mayo.

Veámos varios ejemplos. En Asturies, IU-Los Verdes obtuvo un 10,3% en las elecciones autonómicas de Mayo, y un 13,27% en las generales del 20-N (2,97 puntos más). En el País Valencià, Esquerra Unida (EUPV-EV) obtuvo un 5,79% en Mayo y un 6,5% en Noviembre (0,71 puntos más), mientras que Compromís pasó de un 7,03% a un 4,8% (2,23 puntos menos) –produciéndose principalmente trasvase entre los votos de las opciones de izquierda. En Cantabria, Izquierda Unida pasa de un 3,31% a un 3,58% (un 0,27% puntos). En Baleares, la coalición nacionalista de izquierdas PSM-IV-EM pasa del 8,61% en Mayo a un 7,16% en Noviembre (1,45 puntos menos). Su pérdida de votos va a parar a Esquerra Unida, que pasa de un 2,29% en Mayo a 4,94% en Noviembre (2,65 puntos porcentuales más), subiendo en total los votos de izquierdas en estas elecciones. En La Rioja, IU pasa de un 3,69% en las autonómicas a un 4,59% en Noviembre (0,90 puntos más). En Galiza, el BNG sufre un retroceso comparable al de CHA-IU, aunque acudiendo en solitario a las elecciones. Pasa de un 16,52% en las municipales, a un 11,25% en las generales (5,27 puntos menos). En Madrid, IU pasa de un 9,61% en Mayo a un 8,04% en Noviembre (1,57 puntos menos), probablemente con dirección a EQUO, que ha obtenido un 1,92%. Finalmente, en Catalunya, donde sólo hubo elecciones municipales en Mayo, ICV ha pasado de 8,43% en Mayo a 8,09% en Noviembre. Esquerra Republicana obtuvo un 8,98% en Mayo y un 7,06% en Noviembre (1,9 puntos menos). A estos dos partidos también les afecta el voto útil, ya que sus diputados son habitualmente por Barcelona o Girona –en el caso de Esquerra-. Es decir, la bajada de 3,88 puntos es, junto a la del BNG, la mayor del conjunto de la izquierda transformadora en todo el Estado, y contradice con el crecimiento de IU en todo el Estado (3,77% en 2008 a un 6,92% en estas elecciones –los datos oficiales mezclan a los diferentes socios de la coalición estatal conformada por IU-)

Se argumenta que la coalición ha incrementado 18780 votos y 2,46 puntos porcentuales desde las elecciones generales de 2008. Sin embargo, se olvida que parte de ese crecimiento ha sido intrínseco a Izquierda Unida, como hemos visto anteriormente y como se reveló en la importante subida en Aragón de este partido en Mayo (de un 4,5% a un 5,76% en 2011). Por ello, si consideramos esta subida, nos encontramos con estancamiento o pérdida de votantes entre la potencial base social de Chunta.

¿Qué se está haciendo mal en la gestión del partido?

Los resultados electorales, por tanto, y especialmente en Zaragoza, no debieran de considerarse positivos. Se podrá argumentar que la coalición en sí iba a provocar ese descenso electoral. Afirmar eso supondría negarnos a entender qué ha esta haciendo mal Chunta: Los mediocres resultados en Zaragoza se deben a una mala gestión de la coalición electoral, unida a una desorientación ideológica y a una limitada relación con el tejido social en los últimos años.

Si bien no se puede negar que han existido avances significativos en la interacción con el tejido social cercano a Izquierda Unida –Mesas de Convergencia-, no ha sucedido lo mismo con entornos tradicionalmente aragonesistas, ni con sectores más jóvenes próximos al 15M, que siguen sin considerar a ninguno de estos partidos como sus “representantes” electorales.

En cuanto a los primeros, destacan dos vacíos en la gestión de la coalición: la escasa invitación a participar en el proceso al entorno de la izquierda aragonesa, muchos de ellos englobados en la Red de Colectivos de Aragón o en diversas organizaciones históricas, y, en segundo lugar, el silenciamiento y exclusión de este proceso de las gentes que promocionaron la potencial coalición dentro del entorno de CHA y el nacionalismo aragonés –como el proyecto Cucha Aragonesa y Olivera Aragonesa-. En su lugar, la Dirección de Chunta, ante la falta de interlocutores aragonesistas, se echó a los brazos del tejido social próximo a Izquierda Unida. Como un ejemplo –trivial, pero significativo-, las Mesas de Convergencia –parte de la estrategia de refundación de IU para lanzar una OPA a la izquierda social y que han sido impulsadas por los –excelentes- académicos Juan Torres, Armando Fernández Steinko o Vincenç Navarro- multiplicaron por 7 sus amigos en Facebook durante esa campaña electoral, hicieron convocatorias, promocionaron candidatos en listas y adquirieron relevancia social. Nada similar se promovió desde los entornos aragonesistas –o ecologistas en defensa de la tierra-. No sólo nadie se dirigió a ellos sino que se evitó su participación y relevancia en la coalición. Mirando de espaldas al tejido social de la izquierda aragonesa y celosos de poder promover figuras y organizaciones rivales, la Dirección de CHA acudió al entramado social de IU para que lanzara la candidatura, sabiendo que estos no les podían hacer sombra dentro del nacionalismo aragonés, pero facilitando su hegemonía en el futuro entre ese tejido social.

Ahondando en la mala gestión de la coalición, otro problema clave es la deficiente comunicación y relación con la militancia de Chunta, dificultando su participación en este proceso. La gestión de la presente Dirección Nazional ha ido aislando y desvertebrando a la militancia y las organizaciones de las redoladas a lo largo y ancho del territorio aragonés durante los últimos años. Con esos mimbres, difícilmente puede extenderse un proyecto más allá de ciertas redes intelectuales y sociales de la ciudad de Zaragoza. Entre los principales errores, falta de contacto horizontal entre la militancia, escaso poder real y participación en las decisiones del partido, información deficiente a la base del partido, un modelo equivocado de secretarías territoriales, o la apuesta por gestionar un partido desde las sedes institucionales del Ayuntamiento de Zaragoza y las Cortes de Aragón. Problemas típicos cuando los partidos se institucionalizan, pero que causan desapego y lejanía entre éstos y la sociedad. Todos estos problemas se han reproducido en la gestión de la coalición electoral, donde la información ha llegado tarde y se ha impedido una efectiva participación de la militancia. La falta de una gestión territorial adecuada, donde las redoladas y la militancia sean parte de todos los procesos de decisión, pero también de acción y trabajo, es clave para que todos y todas se sientan parte de un proyecto común, de carácter nacional. Cierto es que se ha avanzado en aplicación de nuevas tecnologías y web 2.0. en la campaña electoral, buscando desandar ese alejamiento social, y que el compromiso de muchas personas ha sido excelente, así como el trabajo de un buen número de comarcas, pero, volvemos a recordar, ello ha seguido siendo ajeno a una importante parte de las bases de la izquierda aragonesa.

Sobre la relación con los sectores que veían con simpatía al 15-M, la ausencia de renovación y de gestos tangibles en una gran parte de la candidatura por Zaragoza mostró escasa comprensión hacia ellos. Las demandas ciudadanas requerían una regeneración de los representantes políticos y un cambio en las formas si querían dejar de ser incluidos en el “No nos representan”. De hecho, frente a varios socios que han aprovechado la renovación de sus cargos públicos en este contexto como una vía de re-conectar con el entorno del 15M (IU Aragón: Álvaro Sanz -33 años-; Iniciativa per Catalunya: Laia Ortiz -31 años-; IU Málaga: Alberto Garzón -26 años y miembro de Democracia Real Ya), Chunta ha optado nuevamente por pan para hoy y hambre para mañana. Desoyendo las voces de las calles, los candidatos de la lista por Zaragoza, Chesús Yuste (parlamentario desde 1995 y cuestionado tras la aprobación de las pensiones a exparlamentarios en Junio de 2011), Carmen Gallego (concejala histórica en el Ayuntamiento de Zaragoza) y Antonio Pérez Lasheras (veterano miembro del aragonesismo cultural), estaban centrados en el corto plazo. En cambio, Izquierda Unida marcó el futuro de la coalición mandando a un joven diputado a Madrid.

La regeneración, lamentablemente, tampoco se ha hecho en la praxis política. Ha habido que esperar a la elección dentro del grupo de IU para llevar a cabo un compromiso ético personal –como ha sido el rechazo del plan de pensiones privado en el Congreso- que anteponía los intereses generales a los personales o de partido. Se ha tenido que buscar a una “iniciativa social” que impulsara el modelo asambleario y la toma de decisiones con colectivos sociales, tras olvidar el proyecto histórico de las Asambleyas Sozials, planteado por diferentes sectores de CHA. Y es que todas estas propuestas llevaban meses –o años- encima de la mesa. Por ejemplo, las iniciativas para profundizar en democracia interna e interacción con el tejido social, rompiendo así los riesgos de anquilosamiento del partido y la falta de participación de su militancia, llevan 4 años en el cajón de las propuestas olvidadas en Chunta.

Así, las mismas demandas en materia de ética política que el 15M sacó a la luz en Mayo, habían sido bloqueadas hasta en tres ocasiones y finalmente descartadas en Febrero por la Dirección Nazional de Chunta (alegando que no era un tema de interés electoral): limitación de mandatos a cargos públicos, renuncia a coches oficiales, compromiso de vincular el salario de los representantes políticos al salario medio de las y los aragoneses, toma de decisiones por Asambleyas Sozials y referendos ciudadanos vinculantes, reducción a la mitad del número de asesores; y, en definitiva, acercar la política a la ciudadanía. El mismo bloqueo –parcial- que tuvieron propuestas como la petición de inclusión de la dación de la vivienda en pago para saldar la deuda hipotecaria (por su supuesta inviabilidad), una medida que se ha demostrado clave en los meses posteriores. Es comprensible el rechazo que estas medidas causan en el PSOE y PP, pero, ¿no sería la izquierda quien debería de estar más comprometida en romper la distancia entre los representantes y representados? ¿No se sigue alejando de una ciudadanía que sigue sin encontrar en los partidos de la izquierda aragonesa a “gente como ellos”?

En otro sentido, la visibilidad de la coalición electoral ha estado nuevamente mediatizada por Izquierda Unida. Aunque el nombre se repetía en trilingüe, en la práctica, las lenguas minorizadas en Aragón han brillado por su ausencia. El “Súmate!” ha recordado en exceso al “Rebélate!” de Izquierda Unida. Frente a la propuesta de nombre de “Cucha Aragonesa” se utilizó en la práctica “La izquierda de Aragón”. Su homónimo en aragonés quedó por tanto arrinconado. Por último, a nivel estatal, la coalición ha sido a todos los efectos parte de Izquierda Unida, insertándose Chunta en un grupo, una estrategia, o un recuento electoral (todos los medios de comunicación han asignado el diputado a Izquierda Unida) que ha invisibilizado al aragonesismo político. Esto sucede cuando la negociación es guiada por una dirección sin una estrategia y principios ideológicos coherentemente dirigidos hacia a dónde se quiere llegar en el medio plazo.

Resumiendo, la coalición ha fortalecido a las jóvenes promesas –de futuro- de Izquierda Unida, ha contribuido a fortalecer su imagen en Aragón y en el conjunto del Estado –invisibilizando el aragonesismo político-, se ha elaborado con escasa implicación de la militancia y se ha olvidado a las redes y organizaciones sociales próximas al nacionalismo aragonés. Más allá, una gestión inapropiada de la coalición ha imposibilitado estrechar la distancia con nuevos sectores sociales en la órbita del 15M (que no con el 15M, que ha de ser autónomo y no puede ni debe ser fagotizado por ningún partido: su labor es ejercer de presión ante todos los partidos y gobiernos, aunque no les guste a estos, manteniendo su independencia). Allí donde ha sido más fuerte el 15M, en la provincia de Zaragoza, sus resultados han supuesto la mayor bajada en votos desde las elecciones de Mayo. Como resultado, la crisis del nacionalismo aragonés es hoy más fuerte que hace unos meses, aunque hay que admitir la obtención de un diputado en Madrid abre la puerta a recuperar la voz para demandas de Aragón históricamente silenciadas.

El problema de fondo: ¿Caminando hacia el futuro?

Ante todo lo anterior, se oyen voces de la Dirección de CHA relativas a un necesario “giro nacionalista del partido”. Esto plantea varios problemas. En primer lugar, después de haber obviado al tejido social de la izquierda aragonesa dentro de la iniciativa social–por el miedo a apoyar a organizaciones y personas “no controladas” por la Dirección-, apoyándose en Izquierda Unida para realizar esa labor, ese giro nacionalista –sin incorporar una apuesta por la izquierda- dejaría a Izquierda Unida la hegemonía en el espacio social de la izquierda aragonesa, como la tuvo durante más de una década, no estando claro si lo aprovecharía para seguir dando voz o para silenciar demandas justas como el rechazo a los macro-pantanos, la defensa del aragonés o el respeto a la cultura tradicional. Por otra parte, no hay que olvidar los puntos comunes que se siguen manteniendo con esta organización y que puede favorecer alianzas coyunturales en el futuro.

En segundo lugar, y más grave, revela la falta de proyecto a medio plazo. Irónicamente, el ciclo de la actual Dirección de CHA comenzó precisamente con un giro nacionalista, presentando un conjunto de enmiendas a estatutos en la Asambleya de Huesca de 2008 para “nacionalizar” el partido. Había que ser “más cuatribarrados”. Esa apuesta se cortó tan pronto como llegó la fascinación por Iniciativa per Catalunya, el cual parecía recomendar la apuesta por Espacio Plural y el ecosocialismo federalista. Había que ser “más verdes”. Podría haber sido una línea a seguir, pero la llegada de la crisis, el giro neoliberal del PSOE y el espinoso asunto de Mularroya recomendaba una Chunta “más social” ante la crisis. Ahora, había que ser “más rojos”.

Por supuesto, hay quien argumentará que no se ha abandonado ninguna de las líneas de acción anteriores y que se han incorporado todas ellas en un discurso coherente: Nada más lejos de la realidad. Una estrategia nacionalista habría recalcado, ante la crisis, los problemas de falta de soberanía de los aragoneses. Dos ejemplos: Zapatero rompió “el contrato electoral” firmado con nuestra ciudadanía, al realizar políticas neoliberales contrarias a sus promesas electorales. Otro, la crisis ha llevado la soberanía de los aragoneses de Zaragoza y Madrid a los mercados de inversión internacionales. Un discurso nacionalista pediría más soberanía en Aragón para recuperar la democracia y dar una salida social a la crisis. De las primas de riesgo, al voto y decisión de los aragoneses. Una estrategia ecosocialista –al espejo de ICV- habría profundizado en la participación social, rechazando la insostenibilidad ecológica de la sociedad de consumo. Frente a una llamada al apoyo y fomento de la producción, se hablaría de decrecimiento. Por el contrario, enfrascados en la dinámica “social” y olvidando sus otras identidades, después de hablar en exclusiva de una salida social a la crisis, ¿cómo era posible explicar a la sociedad el rechazo a la coalición electoral? Ante la falta de proyecto estratégico, la coalición electoral con IU no fue una estrategia meditada para debilitar al bipartidismo, sino la única salida y salvavidas ante los vaivenes ideológicos de los últimos años.

La respuesta, al final, parece lógica: Chunta no ha sido ni roja, ni verde, ni cuatribarrada. Por el contrario, lejos de apostar por una línea estratégica y trabajar para reforzarla en el futuro, ha hecho todo lo contrario. Por ejemplo, si se decidiera a apostar por el nacionalismo, habría que generar un modelo de país –renovador frente al anterior- y apoyarlo creando sinergias con redes de organizaciones nacionalistas –en vez de darles la espalda-, centros sociales, actividades culturales, mensajes políticos…. Es decir, crear las condiciones para que el nacionalismo sea realmente posible y exitoso, a partir de una base social adecuada. Sin embargo, arrimándose al “sol que más calienta”, lo que ha hecho ha sido reforzar los otros discursos de aquellos que llevaban años trabajando en una línea estratégica, en este caso, los de EQUO e Izquierda Unida.

Finalmente, tras desconcertar a propios y extraños, se vuelve al punto de partida, sin haber trabajado ese discurso durante cuatro años, sin haber hecho país, sin haber visualizado la lengua aragonesa, sin haber favorecido y apoyado el crecimiento de un tejido social soberanista –y autónomo y no controlado por ningún partido-. Y, lo que es peor, se regresa al origen no por convencimiento político, sino como una estrategia para cerrar los espacios –en la militancia con sensibilidad nacionalista- que las tensiones de la coalición podrían haber creado.

Hemos de recordar, no obstante, que los mejores resultados de este partido en su historia fueron precisamente cuando apostó por ser las tres cosas a la vez, sin matices y con convencimiento. Cualquier futuro que no comprometa la pervivencia del nacionalismo aragonés pasa por proyectos y personas que sepan marcar estrategias a corto, medio y largo plazo, construyendo país y alterando las condiciones para que la izquierda (nacional) aragonesa sea alguna vez la opción mayoritaria en esta sociedad. En ese proceso no sobrán personas sino que faltan estrategias y proyectos con 3 C’s: consistentes, coherentes y constantes. Esa coherencia ha de extenderse a lo largo y ancho del territorio de Aragón: no se puede hacer un país sin una apuesta integral por el conjunto de su territorio. Se ha de salir de las instituciones y recorrer plazas de pueblos, barrios y ciudades, asociaciones y colectivos, cooperativas y medios rurales, junto a la militancia de cada redolada. Hay que sentirse orgullosos de nuestra tierra y colaborar en construir un modelo de país, integrador con el medio rural –donde se vuelva a valorar la vida rural y el futuro de ésta-, respetuoso con el medio ambiente, democrático y cercano, leal y ético con su ciudadanía y donde las personas controlen a su economía para mejorar su bienestar colectivo.

La estaca: ¿Debilitar o derribar?

La estaca: ¿Debilitar o derribar?

Artículo publicado en el nº 85 (Octubre 2011) de la Revista El Viejo Topo. Disponible on-line en www.elviejotopo.com/web/archivo_revista.php?arch=1642.pdf

 

Daniel Mari Ripa

Investigador FICYT. Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo.

* Se usará el término social-liberalismo para denominar al PSOE y sus partidos homólogos. Se usará izquierda transformadora para las organizaciones políticas a la izquierda del PSOE, aunque se enfatizará en aquellas que tienen presencia institucional, analizando sus conflictos y estrategias específicas. No se pretende minusvalorar la profunda relevancia de la izquierda social en el logro de cambios sociales.

** El autor agradece a Diego Díaz, historiador de la Universidad de Oviedo, sus interesantes comentarios y aportaciones.

Siset, que no veus l’estaca

on estem tots lligats?

Si no podem desfer-nos-en

mai no podrem caminar!

[…]

Si jo l’estiro fort per aquí

i tu l’estires fort per allà,

segur que tomba, tomba, tomba,

i ens podrem alliberar.

(L’Estaca. Lluís Llach, 1968)

 

El himno antifranquista “L’estaca” de Lluis Llach sugería que si todos estirábamos fuerte de una estaca (que representaba a la dictadura), ésta al final caería, alcanzando entonces la libertad. Para ello, antes, habría que asumir que al derribar la estaca (o la dictadura), la consecuencia sería una democracia libre e igualitaria. Pero, ¿es eso así? Y es que, para alcanzar la justicia social, ¿cuándo podemos romper la estaca sin provocar en ella un efecto boomerang que termine yendo contra nosotrxs y, por tanto, cuándo es posible derribarla? O, si lo anterior no es posible, cuándo es mejor debilitarla sin hacerla caer. Es decir, ¿debemos debilitarla o derribarla?

 

Pinzas y orillas: ¿Cuánto, cómo, dónde y a quién apretar?

Los dirigentes de IU han pasado de una preocupación ante los efectos secundarios de un desmoronamiento del PSOE (http://www.publico.es/espana/364746/preocupacion-en-la-cupula-de-iu-por-el-hundimiento-del-psoe) a cómo gestionar los apoyos a este partido y si, al no hacerlo, permitirían gobiernos del PP (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133414). Su abstención en la sesión de investidura a la Presidencia de Extremadura, provocando la caída del gobierno socialista y el ascenso del conservador Monago (como en otros 40 grandes ayuntamientos), ha generado conflictos con una dirección federal de IU que había reivindicado que esto no ocurriría “ni por acción ni por omisión”. En las próximas elecciones andaluzas, IU deberá optar entre un gobierno de coalición con el PSOE, un respaldo externo a éstos (en la sesión de investidura, al menos) o no apoyar a los social-liberales, auspiciando su caída ante una potencial lista más votada del PP.

Tras el resultado de Extremadura, la prensa social-liberal ha reavivado la teoría de la existencia de una “pinza” entre IU y PP para debilitar al PSOE. Se exige a la izquierda transformadora que apoye en cualquier circunstancia al PSOE, “para frenar a la derecha”. Según este argumento,  se ganaría la antipatía de los votantes de izquierdas del PSOE (e IU) –diferentes a los del PP-(http://www.publico.es/espana/384023/iu-la-cara-y-la-cruz-de-la-pinza), que no perdonarían permitir gobernar a los conservadores. Se recuerdan las consecuencias de los apoyos de IU al PP (Gobierno de Asturies, 1995, en plena reconversión industrial; Presidencia del Parlamento de Andalucía, 1994), donde, tras ellos, perdieron parte de sus votos (del 16,62% al 9,14% y del  19,31% al 14,06%, respectivamente). Frente a esto, se ha defendido la teoría “de las dos orillas”, donde PSOE y PP serían lo mismo, dos partidos con un programa neoliberal que, como en la Restauración, (http://blogs.publico.es/dominiopublico/3652/%C2%BFcon-el-psoe-a-muerte/), se alternarían sucesivamente en el poder, cuando no compartiéndolo (Gobiernos de Euskadi o Navarra o la Presidencia del parlamento asturiano). Así, se rechazaría ser una izquierda acomplejada, que no aspirase a ser más que un apéndice del PSOE.

 

15-M y las izquierdas: ¿Qué ha cambiado?

Tras el 15-M, la percepción de “izquierda” (=PSOE) y “derecha” (=PP), no ha permanecido estable. La indignación popular ha igualado, al menos en parte, a PP y PSOE como si fueran dos caras de una misma moneda que lucha por los mismos objetivos. En esta coyuntura, la izquierda transformadora no ha quedado tan al margen de la crítica como desearía. Su argumentación de que sirven para presionar y atraer al PSOE hacia la izquierda, puede hacerla ser vista como “parte necesaria de ese mismo sistema”, “más de lo mismo” o incapaz de liderar alternativas, llevando a la abstención a sus sectores más cercanos.

También el PSOE necesita desmarcarse de esta igualación con el PP, haciendo ver que sigue siendo “la izquierda” o “un mal menor” (http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4199). Por ello, construye un mito y una propuesta pragmática. El mito señala las abundantes diferencias con el Partido Popular, frente a la guerra, el pacifismo; frente a la preocupación por los más ricos, el Estado del Bienestar; frente al recorte de derechos, la lucha contra un capital desregulado; frente a la Iglesia, el laicismo… Es un mito porque aunque ninguna de esas afirmaciones son ciertas, consigue crear la ilusión de que la postura del PP no puede ser más favorable a estos temas que la suya. Lamentablemente, este análisis simplifica aspectos como la capacidad de movilización social y sindical bajo gobiernos de uno y otro signo, que influyen en la práctica sobre qué iniciativas políticas son desarrolladas. Su propuesta pragmática, amparada en un sistema electoral injusto, es que el PSOE es la única alternativa ante la derecha y que el voto a otras formaciones (IU, ICV, CHA, BNG…) es inútil en tanto no tiene la capacidad de ser mayoritario o incluso contraproducente si permite gobiernos conservadores (Extremadura).

Mientras la izquierda transformadora no sea capaz de romper ese mito (apenas hay diferencias socio-económicas entre PP-PSOE) y ese pragmatismo (es posible construir una alternativa sólida), su futuro estará comprometido. Saber leer el 15-M, implica entender que las respuestas que van en una línea anterior al 15-M (“somos mejores, más a la izquierda y con más valores que PP o PSOE”) ya no son tan válidas. La sociedad post 15-M busca, y está tan necesitada como la izquierda transformadora, de alternativas viables y creíbles en los límites del sistema. Sin ellas, su objetivo, que no es ayudar al ascenso de una izquierda domesticada sino constituir nuevas bases políticas, puede quedar también sepultado. En caso contrario, no puede entenderse el espectacular crecimiento de organizaciones políticas como Foro Asturias Ciudadanos (FAC) o Bildu (con vocación de mayoritaria, frente a partidos como Ezker Batua y Aralar).

 

¿Debilitar o derribar? ¿Cómo actuar?

Volviendo al principio: ¿A la izquierda del PSOE, para lograr la justicia social, le interesa debilitar o derribar a este partido? Es decir, si pretende estirar la goma hasta acercarla lo más posible, evitando que se rompa o dispare en la otra dirección, o si le interesa superar ese punto, esperando que el disparo de la goma hiera al establishment. Como última alternativa, se podrá optar por estirar de la estaca esperando, de momento, hasta que llegue el momento justo de derribarla. Preguntémonos, ¿el espacio de la izquierda alternativa aumenta más fácilmente cuando el PSOE está gobernando o cuando está en la oposición?

Ante esta disyuntiva, la izquierda tiene ante sí varias posibilidades estratégicas. La primera consistiría en ayudar a derribar al social-liberalismo (PSOE en este Estado) –lo que indirectamente llevaría al PP al Gobierno-, para posteriormente competir con estos desde la oposición. Es decir, el modelo de IU en Extremadura. La segunda se basaría en debilitar al PSOE (o su homólogo europeo) sin permitir que caiga (del poder) y gobiernen los partidos liberales-conservadores, buscando su espacio de crecimiento en la oposición –desde la izquierda- a este partido. Sólo una vez que se hubiera alcanzado un nivel adecuado de fortaleza, tendría sentido el derribar al PSOE. El argumento defendido por IU federal. Una tercera opción sería gobernar en coalición con el social-liberalismo, acercando sus políticas hacia la izquierda, opción mantenida por diversas federaciones de IU y, en los últimos años, por ICV, BNG, Esquerra o CHA.

 

Cambiando el mundo desde el Gobierno: gestionando el neoliberalismo

Los gobiernos de coalición con el social-liberalismo, gestionando el sistema desde dentro, mayoritariamente han debilitado a la izquierda electoral y socialmente. En las elecciones de 2011, la subida de las organizaciones políticas de izquierda transformadora es mayor allí donde se encuentran fuera de gobiernos y su presencia frena esa tendencia al alza. Obviamente, también existen descensos electorales al encontrarse la izquierda en la oposición (especialmente en las primeras épocas de los gobiernos social-liberales), aunque su base social no se verá tan afectada.  Veamos varios ejemplos.

Esquerra Republicana (ERC), un partido catalán independentista y, cada vez menos, socialdemócrata, puso fin a décadas de gobierno de la derecha catalanista (CiU) aupando en 2003 al PSC por primera vez al Gobierno de la Generalitat, conformando, junto a ICV, un tripartito de izquierda “plural”. Había logrado sus mejores resultados desde la II República. Tanto ERC como ICV, 7 años después, habían desgastado su base social y electoral, siendo incapaces de recoger parte del descontento que Montilla y Zapatero generaban. ERC, después de obtener 544.324 votos en 2003 (16,5%, 23 diputadxs), en 2006 perdió más de 130.000 (de 16,5% a 14,05%), tendencia que se tornó en traumática en 2010, con sus peores resultados en más de dos décadas (218.046 votos, 6.95%, 10 diputadxs). Más grave, fruto de su acuerdo de gobierno, sufrió una desconexión con su base social –independentista- y padeció dos escisiones (la de Reagrupament y la del líder de la corriente interna Esquerra Independentista –Uriel Bertrán- hacia Solidaritat Catalana per la Independencia). En las elecciones municipales de 2011, ha mantenido a duras penas presencia en el Ayuntamiento de Barcelona –aliándose con la derecha de Democracia Catalana de Laporta-, quedándose fuera de Tarragona, Lleida y Girona (aquí barrida por las Candidaturas de Unitat Popular).

Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) –en coalición con Esquerra Unida i Alternativa- incrementó el número de votos tras su primera legislatura del gobierno tripartito. Como parte de su segundo acuerdo de gobierno, gestionó la Consellería de Interior, envuelta en varias polémicas por la actuación de los Mossos d’Esquadra ante activistas de izquierdas y movilizaciones estudiantiles. El resultado en las elecciones al Parlament de 2010 (7.39 % y 10 diputadxs) fue el retroceso electoral a niveles inferiores a los de 2006 (9.56 %  y 12 diputadxs), pero superiores a los de 2003 (7.28% y 9 diputadxs). La caída menos pronunciada –electoralmente hablando- que la de Esquerra, podría explicarse por “el cariño” de los medios y del PSC para diferenciar entre una izquierda “buena” (ICV) y otra “mala” (ERC), que se encontraba más abiertamente compitiendo con el partido social-liberal. Y es que habitualmente la prensa social-liberal y conservadora no está “en tregua” cuando hay acuerdos de gobierno. En cualquier caso, es justo admitir que la caída de ICV y ERC no es nada comparada con la que el PSC-PSOE sufrió en 2010 (de 31,16% y 42 diputados en 2003, a 18,32% y 28 diputados en 2003).

Chunta Aragonesista (CHA) es un partido nacionalista aragonés socialdemócrata que apuesta por un Estado federal plurinacional. Entre 2003 y 2007, tras alcanzar un 15% de los votos, y tras 5 elecciones consecutivas en ascenso, comenzó a gobernar el Ayuntamiento de Zaragoza junto al PSOE de Belloch. Tras el acoso mediático de la prensa conservadora, sufrir una oleada de conflictos internos (expulsión de sus juventudes, Chobenalla; salida de sus dos sectores críticos internos) y perder legitimidad social al gestionar la política urbanística especulativa derivada de la EXPO 2008, las elecciones de 2007 significaron la mayor caída de su historia (de un 15% a un 9% en Zaragoza y de 9 a 4 diputados en las Cortes de Aragón). Estas tensiones provocaron una desconexión entre su base social y sus gestores institucionales de la que hasta la fecha aún no se ha recuperado.

En Asturies, la coalición Izquierda Xunida-Bloque por Asturies (con Los Verdes, a partir de 2007), empujada por un notable crecimiento electoral en 2003 (de 3 a 4 diputadxs) conformó una coalición con el PSOE. Sufrieron diversos conflictos internos debido a críticas ante su gestión de gobierno (saldados con la salida del sector mayoritario del Partido Comunista de Asturias, que se presentó en Oviedo bajo el nombre de ASCIZ), o ante su postura medioambiental o de represión a sindicalistas (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93323). Así pasó de 68.360 votos (11,31%) en 2003 a 58.114 votos (9,93%) en 2007, además de desmantelar su capacidad de movilización y presión social. Su tendencia a la baja ha sido parcialmente contrarrestada por el giro neoliberal del PSOE, manteniendo sus 4 diputadxs en 2011 (61.513 votos, 10,3%), pero obteniendo casi 20.000 votos menos a nivel autonómico que municipal (80.121 votos, 13,38%).

El Bloque Nacionalista Galego en Galiza o el Partit Socialista de Mallorca (PSM-Entesa Nacionalista) –ambos, socialdemocracia nacionalista; los segundos también ecosocialistas – no tuvieron mejores resultados. Los primeros, tras varias experiencias dolorosas junto al PSOE-PSG a nivel municipal finalizaron su coalición en el Gobierno gallego con una caída de un 1,5% y 1 diputado (del 18,7 al 16,28%; y de 13 a 12 diputadxs). En las elecciones municipales, redujeron su presencia en las 4 provincias gallegas. Sufrieron un varapalo en las grandes ciudades donde apoyaron gobiernos del PSOE-PSG (Vigo, Ourense, Santiago, A Coruña o Lugo), y subieron notablemente donde habían sido respaldados a la alcaldía por éstos (Pontevedra). El PSM-Entesa Nacionalista, conformó gobierno en 1999 con el PSOE balear tras obtener el 11,7% y 5 diputadxs, en un Pacto de Progres formado junto a Els Verds de les Illes Balears-Izquierda Unida (5,5% de los votos). 4 años más tarde, en 2003, el PSOE había aumentado un 1,4% y 1 diputadx. Sin embargo, el PSM-Entesa Nacionalista bajó hasta el 7,9%, perdiendo 1 diputadx, y Els Verds-IU descendió hasta un 4,9%.

Estos ejemplos parecen indicar que en la gran mayoría de los casos de gobierno de la izquierda transformadora con el social-liberalismo (PSOE), se debilita su base social y se generan tensiones difíciles de asumir. Paralelamente, los medios de comunicación conservadores intentan debilitar al gobierno de coalición atacando a su parte más débil (deslegitimando al socio de izquierdas, deslegitiman al PSOE, como un partido “irresponsable” y “débil” que ha firmado el acuerdo con ellos). Asimismo, tanto la prensa conservadora como la social-liberal –que no está “en tregua”- muestran fácilmente las contradicciones que el partido de izquierda transformadora sufre desde el gobierno, lo que desilusiona a sus militantes y votantes. Como consecuencia, la movilización de una base social desilusionada desciende  -dificultando contrarrestar el acoso mediático- y se extiende un desencanto entre sus votantes. Así, la caída electoral pasa a ser una realidad.

El desgaste se incrementará en mayor medida si la izquierda ha de asumir profundas renuncias ideológicas –simbólicas- derivadas de su pacto de gobierno. Por ejemplo, denuncias contra sindicalistas (Ayuntamiento de Gijón –pacto PSOE-IU), gestión de recortes sociales fruto de planes de ajuste neoliberales, promoción de eventos especulativos (EXPO 2008, –PSOE-CHA-), o aceptar indirectamente la represión contra estudiantes y movimientos sociales (ICV)…

 

Actuando desde la oposición: debilitando al social-liberalismo

Debilitar sin derribar consistiría en desgastar a los gobiernos social-liberales desde la oposición pero sin permitir su caída. Se apoyaría su investidura para evitar gobiernos conservadores, llegando a acuerdos puntuales, aunque rechazando la gestión del sistema desde dentro.

Algunos de los mejores momentos (electoral y socialmente) de la izquierda transformadora han tenido lugar desarrollando esta estrategia, especialmente en las fases decadentes o finales de gobiernos social-liberales. Las diferencias entre los modos de hacer política de ambos partidos se hacen más visibles. Y eso permite el comunicar mejor cuál es el modelo de sociedad y qué iniciativas diferenciadas implementaría la izquierda transformadora, criticando al gobierno social-liberal desde la izquierda. Además, consigue movilizar a la ciudadanía en solitario.

Sin embargo, en una primera fase de bisoñez social (y de ilusión colectiva), el partido social-liberal en el gobierno, tras ciertas reformas simbólicas, consigue desactivar a una parte de la izquierda social. Después, desmovilizadxs, llevará adelante medidas neo-liberales (reconversiones industriales, reformas laborales, de pensiones, educativas…) con una presión inferior a la que los partidos conservadores sufrirían (en parte por su influencia sobre las organizaciones sindicales). Aquí la izquierda transformadora comienza a fortalecerse de nuevo, pero con el coste social del desarrollo de un programa económico neoliberal.

 

Derribar al social-liberalismo

En último término, la izquierda transformadora aspira a derribar la estaca que sujeta a un sistema que mantiene injusticias y desigualdades sociales. Estira con fuerza de ella, intentando evitar que, como una goma, salga despedida en dirección contraria a sus intereses. Y es que mientras la izquierda social y electoral se reconduzca por medio de partidos social-liberales, pocos cambios veremos en aquellos aspectos que afecten a la raíz del sistema, la injusticia y la desigualdad. Por ello, la izquierda transformadora necesita derribar al social-liberalismo, convertirse en hegemónica en la izquierda.

Al caer los social-liberales, quien gobernará será un partido conservador (PP, PNV, CiU, CC, UPN). Ya en la oposición, el anterior giro a la derecha de los social-liberales importará poco.  La diferenciación entre la izquierda social-liberal y la transformadora quedará difuminada, en tanto la primera se irá progresivamente acercando al mensaje de la segunda. Y es que será común encontrar las mismas críticas a la gestión del partido conservador en cualquiera de las dos izquierdas, yendo, paradójicamente, de la mano en su defensa de los derechos sociales.

El Gobierno de José María Aznar mostró a un PSOE activo en su presencia social, defendiendo ciertos ejes programáticos similares a los de la izquierda transformadora (oposición a la guerra de Irak, la Ley Orgánica de Universidades o a las Leyes de Extranjería…), a pesar de que sus experiencias de gobierno anterior y posterior al del PP han mostrado inquietantes similitudes. La falsa idea de la inexistencia de diferencias dificulta presentar un mensaje político propio por parte de la izquierda transformadora. Mientras, la prensa social-liberal dibuja a ese partido político como el referente de toda la izquierda. No obstante, pronunciados ascensos han tenido lugar durante gobiernos conservadores (como los de CHA, IU, Esquerra, ICV o BNG).

Recapitulemos. Gobernar en coaliciones lideradas por el PSOE desgasta a la izquierda transformadora (especialmente su movilización social). Dejar que gobierne, debilitándolo, las muestra sólo como muleta del socialiberalismo, mientras se desarrollan programas neoliberales. Derribarlo conlleva una modificación del discurso del PSOE que, al final, desactiva a la izquierda transformadora, comenzando el proceso nuevamente. De esta forma, no está claro cuanto ni cómo estirar la estaca, ni cómo derribarla evitando un efecto boomerang.

 

¿Qué hacer?

Al caer los partidos social-liberales (en general, todos los partidos), no suelen modificar su discurso (que les ha llevado a la derrota electoral) directamente al llegar a la oposición. En su lugar, pasan por 2 fases: Tras la dimisión del gobernante perdedor de las elecciones, el partido se mantiene tomado por las estructuras que formaban parte de la dirección anterior, con renovaciones cosméticas. La militancia convencida de ese partido se ha ido sustituyendo por un mayor número de afiliación pasiva que apoyaría la línea oficial y poco amiga de los cambios (http://www.publico.es/espana/236676/quien-elige-al-que-manda). Este rechazo al cambio, lejos de frenar la caída del partido, es percibido negativamente por la ciudadanía, conduciendo a un nuevo fracaso electoral. Es aquí donde la izquierda transformadora, puede seguir teniendo margen de crecimiento y plantear una alternativa. Ha de aprovechar ese momento de crisis del social-liberalismo, sin discurso renovado y fuera de las instituciones, para intentar dar un paso adelante hacia la hegemonía en la izquierda. El problema es que no suele haber alcanzado una fortaleza suficiente al llegar a esta fase.

En segundo lugar, se produce una renovación en los partidos social-liberales bajo la promesa de recuperar el espacio a su izquierda (de la izquierda hasta el centro), percibida con simpatía por la ciudadanía y sus antiguos votantes. El partido se mueve y, arrepentido, pretende recuperar los viejos tiempos, los ideales de izquierda que habría abandonado. Bajo la promesa de volver al Estado social y derrotar a Gobiernos conservadores consiguen unificar a la izquierda bajo su manto y la izquierda transformadora puede quedar desactivada.

La mayor movilización de los últimos 20 años en el Estado español tuvo lugar durante el segundo mandato de José María Aznar (No al Plan Hidrológico, Nunca Mais, No a la Guerra…). Sin embargo, la expresión política de esa movilización fue el social-liberalismo, ya en la oposición. La izquierda transformadora consigue movilizar y es clave en este proceso, pero no consigue erigirse en voz de esa conciencia colectiva, fruto de su debilidad para configurarse como alternativa factible de Gobierno. De hecho, todo el esfuerzo de los medios de comunicación social-liberales va dirigido a construir el mito de que es el partido afín (PSOE) el que ha creado, mantenido y orientado toda esa movilización. Y da forma y pone límites a ésta: ya no se defiende “Otro mundo es posible” sino “Otro Gobierno es posible”. Punto final. Con el social-liberalismo en el gobierno, la izquierda queda desmovilizada en los primeros años de mandato de estos gobiernos. Así, el ciclo comienza de nuevo.

No obstante, puede argumentarse que en este tira y afloja de la izquierda transformadora, el social-liberalismo avanza a un nuevo estadio, se renueva, y asume, cuando llega al poder, demandas de las que la izquierda ha hecho bandera durante años. Pero, ¿esta función de lobby es acaso la única que la izquierda transformadora aspira a tener?

 

Conclusiones: Debilitar y derribar

Por ello, se plantean varias conclusiones. En primer lugar, la izquierda sube –social y electoralmente- en dos coyunturas. La primera, cuando se confronta al PSOE (éste en el Gobierno y la izquierda en la oposición). En ese juego, intenta fortalecerse y debilitar lo mayor posible al partido social-liberal, sin dejarlo caer. Desarrolla un discurso político diferenciado, educando a la población en una alternativa al social-liberalismo. Así, cuando ya no sea posible sostener más a ese partido, la correlación de fuerzas en la oposición será más positiva para la izquierda transformadora. La segunda coyuntura favorable requiere derribar al social-liberalismo. En ese momento, cuando éste aún no ha renovado su discurso o está debilitado, ha de ser capaz  de movilizar en solitario, o capitalizando ella el movimiento, contra el partido conservador en el Gobierno (PP, CiU, PNV, PRC, CC, UPN…). De hecho, en alguna de esas coyunturas de lucha en la oposición, la izquierda trasformadora ha conseguido superar, temporalmente, al social-liberalismo (la candidatura presidencial de Manuel Alegre en 2006, apoyada por el Bloco de Esquerdas, superando al social-liberal, Mario Soares; Europe Ecologie en Francia en las últimas elecciones europeas –16,28%, frente al 16,48% del Partido Socialista francés-; la victoria en 2011 de los Verdes alemanes en las elecciones del importante Lander de Baden-Württemberg). El movimiento 15-M está actuando directamente sobre esta situación. Favorece a una izquierda popular y ciudadana (aunque no se auto-denomine como tal), que gana músculo social a marchas forzadas frente al consenso PP-PSOE. Está acelerando plazos de fortalecimiento que podrían ayudar a comenzar la fase de caída del PSOE en una correlación de fuerzas menos desfavorable que en momentos anteriores (1996).

Finalmente, tres aspectos influyen en el crecimiento de la izquierda transformadora. Primero, el éxito en la diferenciación frente a otras fuerzas políticas, evitando que sus bases sociales la consideren otro partido más. Esta diferenciación puede llevarse a cabo desde el gobierno (planteando iniciativas propias), desde la oposición al social-liberalismo (presentando una sociedad alternativa desde la izquierda), o desde la oposición a partidos conservadores (convirtiendo sus propuestas diferenciadas en el eje de la oposición –normalmente aprovechando los intereses con los poderes económicos del social-liberalismo). Segundo, la coherencia entre la praxis política y los valores y el programa ideológico. A mayor coherencia, mayor sintonía con las bases sociales y electorales de la izquierda, algo problemático al entrar a gestionar el sistema en coaliciones con el social-liberalismo. La carencia de medios afines hará fácilmente visible sus incoherencias en su gestión de gobierno. La tercera variable influyente será la capacidad de movilización social. Mantener la ilusión de la ciudadanía creará  presión social para el cambio y contrarrestará parte de los ataques mediáticos y del establishment económico. Sin embargo, el deseo de desmovilizar a sus bases de muchos “aparatos” de organizaciones políticas, o la pérdida de coherencia, atenta contra este aspecto.

En definitiva, este artículo sugiere una estrategia combinada de debilitar y derribar, en pasos sucesivos, al social-liberalismo. Cuestiona además ciertas estrategias para el avance de la izquierda transformadora (social y electoralmente), como la entrada en gobiernos liderados por el social-liberalismo. Hay que tirar de la estaca, pero manteniendo la tensión hasta el momento justo en que, cuando la derribemos, tengamos la fuerza suficiente para hacer hegemónica a la izquierda y sus demandas sociales.

Predicción elecciones 20-N

Bueno, ahí va mi predicción electoral en Aragón, Asturies y en el Estado. Sirva de porra.

PP: 175 diputados

PSOE: 125 diputados

CIU: 13 diputados

IU+ICV+CHA: 11-12 diputados (Madrid -3-, Barcelona -3, 2 de ICV-, Zaragoza –1, CHA-, Asturies -1-, Málaga -1-, Sevilla -1-, Valencia -1-). Posibilidad de hasta 2 diputados más (de entre los de Alicante, Cádiz-Córdoba y Valladolid).

Bildu: 6 diputados (Guipuzkoa -2 o 3-, Bizkaia -1 o 2-, Nafarroa -1-, Araba -1-)

PNV: 5 diputados (2-3 Bizkaia, 1-2 Gipuzkoa, 1 Araba)

UPyD: 3 diputados (Madrid)

BNG: 3 diputados (Coruña y Pontevedra).

Coalición Canaria: 2-3 diputados

Esquerra: 2 diputados (Barcelona -1-, Girona -1-).

Compromis-EQUO: 2 diputados (Valencia -2-, el primero del Bloc Nacionalista Valencia y el segundo de Iniciativa-Equo).

FAC: 1-2 diputados (Asturies)

PSM-IV-ExM-EQUO: 1 diputado (Baleares, de los nacionalistas del PSM)

EQUO: 0-1 en Madrid (les va a faltar un par de semanas más de campaña) + el 2º diputado de Compromis.

Geroa Bai: 0 diputados

Anticapitalistas: 0 diputados, pero doblarán voto en Madrid respecto a las pasadas elecciones europeas.

Voto nulo: Se dobla con respecto a las pasadas elecciones

Las sorpresas: si la ultra-derecha de PxC consigue el escaño por Barcelona, si EQUO lo consigue por Madrid y si Revilla (PRC) lo consigue por Cantabria. También es una incógnita el resultado de partidos como Escaños en blanco, que ya alcanzó dos concejales en Catalunya (y los dejó vacantes).

En Aragón, CHA e IU sumarán más que en las anteriores elecciones generales en todas las circunscripciones y en Zaragoza, más que en las anteriores elecciones al Parlamento de Aragón de Mayo (es decir, superarán el 16% de los votos). En las elecciones de Mayo en Zaragoza, (CHA+IU: 16% de votos). En las generales de 2008 (CHA+IU: 9%). En Mayo en Huesca (CHA+IU: 10,3%) y en las generales de 2008 (CHA+IU:6%). En Mayo en Teruel (CHA+IU: 12%) y en las generales (CHA+IU:5%). Por lo tanto, las cifras muestran un suelo electoral (9% en Zaragoza, 6% en Huesca y 5% en Teruel) y un techo (16% en Zaragoza, 10,3% en Huesca y 12% en Teruel). Lo habitual es que las cifras se acerquen más al suelo en Huesca (yo estimo entre un 8 y un 9% de voto) y Teruel (alrededor de un 9%), mientras que en Zaragoza rondarán el techo (15%). No obstante, en mi opinión, ese techo se puede superar en Zaragoza (es decir, sumarían más que la suma de las partes).

En Asturies, de los 8 diputados, mi apuesta es PP (3), PSOE (2-3), FAC (1-2), IU (1), donde IU –Llamazares- superaría ampliamente los resultados de Mayo (10,3%, pero un par de puntos más en las municipales) y estaría acercándose al 15% de voto.

La difícil relación entre la indignación y las urnas

Artículo aparecido en el número 161 de Diagonal (14 de Noviembre de 2011), publicado por Daniel Ripa y Diego Díaz (Redacción Asturies).

Los partidos de izquierdas tratarán de transformar la movilización en votos, en un contexto en el que también crece la defensa de la llamada “abstención crítica”.

La indignación no se traducirá en votos, o al menos, no en un caudal de votos a las opciones minoritarias de izquierdas comparable a la simpatía que genera el movimiento 15Men la sociedad española. El PP será así quien capitalice el 20 de noviembre el desgaste de un Gobierno socialista cuya imagen pública ha quedado destrozada. Ni siquiera el final de ETA parece que pueda salvar a un PSOE en caída libre.

IU, los deberes a medias

Según todos los pronósticos la coalición mejorará sus resultados tras una década de retroceso electoral y podrá formar grupo propio. Los seis escaños que vaticina el CIS podrían ser un buen resultado, pero claramente insuficiente teniendo en cuenta que IU se encuentra en la mejor coyuntura en años para crecer. Y es que IU llega a noviembre con los deberes a medias. El tantas veces anunciado proceso de refundación del colectivo, que arrastra una larga historia de crisis internas, desastres electorales y alejamiento de los movimientos sociales, se hallan a día de hoy poco más que enunciado.

IU se presentará en coalición con algunos grupos verdes testimoniales, Batzarre, los socialistas independientes extremeños, y finalmente, y aunque ha costado mucho, mantendrá su frágil coalición con ICV en Catalunya. La mayor novedad en la política de alianzas de IU tendrá lugar en tierras aragonesas, donde concurrirá en la coalición La Izquierda de Aragón con la Chunta y las asambleas abiertas de la llamada iniciativa social. Esta unión, promovida por intelectuales y activistas, podría obtener un escaño, que se repartiría a tiempo parcial entre la Chunta Aragonesista e IU, dos fuerzas entre las que las buenas relaciones nunca han sido la norma.

Más allá de estas puntuales uniones con otras formaciones de izquierdas, la gran asignatura pendiente de IU, así como del resto de fuerzas de la izquierda institucional, es cómo relacionarse con el 15M, un movimiento, que según la propia confesión de Llamazares, “nos ha pillado con el pie cambiado”. IU está poniendo el máximo empeño en convencer a los indignados para que voten a la coalición, lo que la ha llevado a incluir en sus listas a personas del entorno de Democracia Real Ya y 15M, y apostar por el ciberactivismo y las campañas virales. Sin embargo, y a pesar de que previsiblemente una parte de quienes están o simpatizan con el 15Mdará su voto a IU, como señala el profesor de historia contemporánea de la UAB Xabier Doménech, “los partidos, incluso los de izquierda, se perciben en el movimiento, con razón o sin ella, más como parte del problema que de la solución”.

Ecosocialistas y anticapitalistas

ICV también parece recuperar apoyos. Los eco socialistas catalanes, cuya aspiración es construir una izquierda verde federalista plurinacional, centrarán como IU su campaña en evitar la abstención de quienes rechazan los recortes sociales y las privatizaciones. Equo presenta algunas características organizativas muy horizontales, como la ciberdemocracia interna, que pueden atraer a una parte del activismo y los simpatizantes del 15M para los que IU les resulta una organización anquilosada. Su lema de campaña “Reinicia. Recupera la ilusión.

Regenera la democracia” curiosamente incide más en lo democrático participativo que en el ecologismo, mientras cuenta con atraer a desencantados del PSOE poco o nada interesados en IU. En Valencia Equo concurrirá coaligado con Compromís y en Baleares con el PSM-Iniciativa- Els Verds-Entesa.

Izquierda Anticapitalista, quizá la formación política más implicada en el 15M, es también la que tiene un espacio electoral más reducido, aspirando únicamente a recoger un voto tan militante como su campaña, con acciones directas como el encierro en la sede de CiU o la pegada de carteles en la casa de Esperanza Aguirre. Las condiciones que los anticapitalistas pusieron para un pacto con IU (una campaña barata sin créditos de bancos, elección abierta de candidatos, cargos rotativos y desprofesionalización de la política) resultaron inasumibles por parte del partido de Cayo Lara.

El voto nacionalista

Dentro del voto nacionalista, BNG, cuya campaña se parecerá mucho a la de IU e ICV, con la defensa del empleo y de los servicios públicos en primer término, intentará estabilizar sus dos diputados. En ERC, que acude a las urnas en coalición con Reagrupament, es el discurso independentista el que monopoliza la campaña tras la derrota en las primarias del sector más socialdemócrata representado por Joan Ridao. Apenas hay guiños al 15M, y por el contrario sí un discurso dirigido a movilizar al electorado independentista, y en clara competencia con CiU.

El soberanismo, aunque acompañado de un discurso social y ecologista, es sin duda el centro de la campaña de Amaiur, donde varios cabezas de lista son abogados implicados en procesos judiciales contra la izquierda abertzale. Impulsados por el fin de ETA y el rechazo social a los consensos en materia económica de PPPSOE- PNV, la reunión de la izquierda abertzale, Aralar, EAyAlternatiba, aspira a recoger un buen número de votos,muchos de ellos de un PNV que según el activista cultural Andeka Larrea se encuentra “algo perdido en el nuevo escenario y vive cada vez más de espaldas a sus bases sociales”. Aún es una incógnita el papel que jugará la izquierda abertzale en las próximas cortes madrileñas, a donde acudirán regularmente en la próxima legislatura.

¿Qué no pasa en la izquierda política?

* Esta es la edición ampliada del artículo publicado por Diego Díaz y Daniel Ripa en la edición estatal del Periódico Diagonal.

http://www.diagonalperiodico.net/22-de-mayo-que-hay-de-nuevo-en-la.html

Ni la fortísima crisis ni la política neoliberal de Zapatero logran empujar a las izquierdas políticas a confluir en un proyecto capaz de movilizar electoralmente a la ciudadanía. Las coaliciones unitarias alcanzadas en algunas comunidades y municipios por diferentes fuerzas, y con importante presencia de activistas sociales, suponen por el momento los únicos brotes verdes para unas izquierdas desunidas y desmovilizadas.

IU y su refundación inacabada

Las elecciones del 22 de mayo serán el primer test para saber si el proceso de refundación de IU comienza a dar los frutos deseados. De momento las encuestas no vaticinan ningún incremento espectacular del apoyo a IU, pero si al menos un discreto crecimiento. La apuesta del gobierno Zapatero por recetas de neoliberalismo duro abre importantes posibilidades para que la formación de izquierdas recupere parte del terreno perdido. No obstante, la legislación electoral, la invisibilidad de la coalición en los medios, y su debilidad organizativa tras década de enfrentamientos internos, le impiden por el momento sacar el máximo partido a un contexto que está permitiendo en el resto de Europa el crecimiento electoral de fuerzas de izquierdas homólogas y que en los años 90 propició los mejores resultados de la IU de Julio Anguita.

Con un programa basado en la creación de empleo de calidad, el mantenimiento del Estado del Bienestar, la participación ciudadana y la sostenibilidad medioambiental, la coalición espera atraerse a los jóvenes que votan por primera vez, a los desencantados del PSOE, así como a muchos de los ex votantes que en los últimos años le han venido dando la espalda. Según las primeras encuestas, IU se puede mantener o crecer ligeramente en Asturies, Pais Valenciá, Nafarroa, Aragón, Galiza y Murcia, y podría regresar al parlamento extremeño y al castellano leonés. Sin embargo, la movilización del 15-M y Democracia Real Ya! puede tener efectos imprevisibles en estas elecciones, aunque parece indicar que una parte de las personas participantes en él pueden inclinarse hacia IU -sobre todo en Madrid- dado el apoyo que Cayo Lara y la coalición han ido brindando a las propuestas generadas por ese movimiento.

En cuanto al proceso de Refundación, parece aún muy poco maduro. Ni las puertas de IU se han abierto tanto como se anunciaba la primavera pasada, ni en el exterior parece haber mucho interés por llamar a ellas. El momento de generalizada desmovilización social y los recelos que la coalición genera para muchos activistas, sobre todo en aquellos lugares donde participa en gobiernos con el PSOE, pesan en ello. Los casos más interesantes en lo tocante a la nueva política de alianzas con otras fuerzas de izquierdas parecen aportarlo aquellas federaciones más pequeñas, y donde el peso de la política institucional, es por lo tanto menor. Cantabria, donde IU, extraparlamentaria, ha suscrito un pacto con Izquierda Anticapitalista para impulsar la candidatura Izquierda Social y Ecologista, en la que destacan el peso de los independientes ligados a los movimientos sociales cantabros. En Nafarroa IU concurrirá en la candidatura Izquierda-Ezkerra, junto con independientes de los movimientos sociales, y Batzarre, el partido heredero del MC y la LCR, anteriormente integrado en Nafarroa Bai. En contraste con estos avances, IU pierde aliados en Baleares y Valencia. En Asturies IU-Los Verdes se enfrentará no sólo a sus antiguos socios del Bloque por Asturies, sino también al Partido Comunista de Asturias, contrario a los pactos con el PSOE, y que promoverá su propia candidatura, el Frente de la Izquierda, pese a la negativa del PCE, con la que concurrirán a las municipales y autonómicas. En una línea similar a la de ASCIZ en Asturies, situada en la órbita del PC de Salamanca y otros movimientos sociales, La Izquierda de Salamanca concurrirá a las elecciones fuera de IU, agravando su conflicto interno con el PCE.

ICV, Chunta y los ecosocialistas mediterráneos

Las tensiones entre Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya-Verds a raíz de la salida de Llamazares como Coordinador General de IU han terminado configurando dos proyectos diferenciados –aunque con colaboraciones entre sí-. El federalista republicano en la órbita de Izquierda Unida, con alta influencia en el centro y sur del Estado, representado por su proceso de Refundación, y el ecosocialista (federalista) plurinacional diseñado por ICV, con presencia en los territorios colindantes con Catalunya (País Valencià, Illes Balears, Aragón), cuyo máximo exponente fue la creación de Espacio Plural, una plataforma de organizaciones políticas de izquierda verde plurinacional. Participan en ella ICV, CHA, Nueva Canarias (una escisión por la izquierda de Coalición Canaria), y las escisiones de IU, Iniciativa del País Valencià e Iniciativa d’Esquerres (Baleares) y Paralelo 36 (Andalucia). Su transversalidad le permite a sus miembros realizar coaliciones en estas elecciones tanto con la izquierda estatal (pacto ICV-Esquerra Unida en Catalunya), como con la de orientación soberanista y autodeterminista (Bloc Nacionalista Valencià, Partit Socialista de Mallorca). También se sitúan cercanos al proyecto ecologista de la EQUO del ex Greenpeace López Uralde, que estará en barbecho hasta las elecciones generales de 2012, donde busca calcar el proyecto de partido-red de Europe Ecologie –la plataforma electoral francesa que superó el 16% de los votos en las pasadas elecciones europeas-.

En el País Valencià y las Illes Balears, dos escisiones de IU (Iniciativa del País Valencià e Iniciativa d’Esquerres), mimetizando el proyecto de ICV en Catalunya, están apostando por una izquierda verde sensible a diferentes identidades nacionales. Así, el Bloc Nacionalista Valencià (nacionalistas de izquierdas), Els Verds e Iniciativa del País Valencià han constituido la coalición ecosocialista Compromís, encabezada por Enric Morera (Bloc) y la carismática diputada (y azote del PP de Camps), Mónica Oltra, y que tiene ante sí la difícil papeleta de lograr el 5% a nivel autonómico necesario para acceder al Parlament (un sistema electoral que ha apartado durante a una década al Bloc del Parlamento y que es causa principal de las políticas de alianzas en este territorio). En Valencia, bajo el nombre de Compromís per Valencia, será el excoordinador de Esquerra Unida pel País Valencià, Joan Ribó, su candidato municipal.

En las Illes Balears, con una circunscripción electoral por isla, el soberanista Partit Socialista de Mallorca (uno de los precursores del ecosocialismo), formará coalición con Iniciativa d’Esquerres-Verds y Entesa por Mallorca, bajo los nombres de PSM-IV-ExM-Compromis amb Mallorca, PSM-Més per Menorca (PSM e independientes), Entesa Nacionalista i Ecologista d’Eivissa y Gent per Formentera (un partido de ámbito isleño que agrupa a toda la izquierda alternativa y soberanista y que tiene el apoyo externo del PSM, ERC, Verds e IU). En País Valencià y las Illes Balears, Esquerra Republicana también presentará candidaturas. En Catalunya, ICV espera capitalizar, junto a Esquerra Unida i Alternativa, el rechazo a los recortes neoliberales de Artus Mas y Zapatero.

En Aragón, los nacionalistas de la Chunta Aragonesista, tras acercarse a ICV, buscarán frenar la caída que viene padeciendo desde 2007 cuando, tras la gestión de la EXPO 2008 en una coalición con el PSOE de Belloch en el Ayuntamiento de Zaragoza e innumerables conflictos internos –como la expulsión de sus antiguas juventudes-, pasó de 9 a 4 diputados en las Cortes de Aragón. La posibilidad del primer gobierno “tripartito” en la historia PSOE-CHA-IU es utilizada por la prensa de derechas para movilizar al electorado conservador, agitando ante “el miedo” de que Aragón se convierta en otra Catalunya.

Anticapitalistas demasiado pequeños

En lo tocante a otras formaciones más pequeñas, Izquierda Anticapitalista-Revolta Global, se presentará, además de en Cantabria, en algunas localidades puntuales donde sus militancia lo ha considerado oportuno. En solitario como en Cádiz, o en candidaturas conjuntas: en Gijón con comunistas, asturianistas, sindicalistas y activistas sociales, y en Barcelona, con los independentistas de las CUP. Los comunistas del PCPE presentarán en solitario un buen número de candidaturas, pero también repitiendo algunas coaliciones que les permitieron en 2007 obtener representación institucional en Aguilar de la Frontera (Andalucía), y en Cangas (Galicia), gracias a un pacto con IU e independentistas del FPG. En Mallorca, ambos partidos, Izquierda Anticapitalista-Revolta Global, y el PCPE, concurrirán junto a activistas sociales en la candidatura Dissidents. En Castilla, la coalición Segovia de Izquierdas, agrupará a los nacionalistas de Izquierda Castellana y Yesca, junto al Partido comunista del Pueblo Castellano, CJC, Corriente Roja, y a movimientos sociales, sindicales y antifascistas. Tras rechazar un pacto con Izquierda Unida, aspiran a entrar por primera vez en el Ayuntamiento segoviano y a obtener concejales en otros municipios de la provinica.

(Nota: se incluye este interesante comentario sobre Canarias realizado tras la publicación de la edición digital de este artículo en el Periódico Diagonal. Gracias a su autor. En el archipiélago de Canaria Alternativa Sí Se Puede por Tenerife (http://www.alternativasisepuede.org/), agrupa diversas plataformas ciudadanas y algunos pequeños partidos, y que ha logrado establecer alianzas con movimentos similares de otras islas. En las Elecciones al Parlamento de Canarias de 2011 se presenta como Alternativa Ciudadana Sí Se Puede (ACSSP) en Tenerife, en La Gomera y, en coalición con otras organizaciones, en Gran Canaria (con Canarias por la Izquierda) y en Lanzarote (con Alternativa Ciudadana 25 de Mayo). El apoyo es desigual según islas. Aunque las opciones al Parlamento son mínimas (por el sistema electoral), aspira a conseguir buenos resultados en municipios y cabildos)

Las izquierdas nacionalistas y las independentistas

La izquierda soberanista e independentista institucional afronta estas elecciones en una situación complicada, fruto de crecientes tensiones con la Administración central de Madrid y de malos resultados electorales en el pasado de sus principales referentes (Esquerra, BNG, EA). En Catalunya, la presión (populista) de Solidaritat Catalana per la Independencia y la espectacular caída en las elecciones al Parlament catalán (donde perdió la mitad de sus votos) ha hecho girar a Esquerra Republicana hacia Reagrupament y Democracia Catalana (el partido independentista y neoliberal presidido por Joan Laporta), constituyendo la plataforma encabezada por Jordi Portabella, Unitat x Barcelona. Pretenderán volver a hacer gravitar el independentismo en torno a ellos, con la esperanza de que estas coaliciones no comprometan en exceso su proyecto socialdemócrata.

En Nafarroa y la CAV, la izquierda independentista acudirá –salvo ilegalizaciones- en dos polos a las urnas en torno a la izquierda abertzale y a Aralar. Nafarroa Bai (conformada por Aralar –que se presentará en solitario en la CAV-, PNV e independientes –cercanos a la diputada en Madrid y periodista, Uxue Barkos-), tras el veto a la izquierda abertzale, la salida de Batzarre y la invitación a irse a Eusko Alkartasuna, aspira a evitar una mayoría absoluta UPN-PP y a atraer al PSN-PSOE hacia sus posiciones, bajo la candidatura de Patxi Zabaleta. Bildu, agrupando a la izquierda abertzale, Eusko Alkartasuna y Alternatiba, pretende consolidar una izquierda vasca independentista que, construyendo una salida política al conflicto vasco, sea una alternativa a la hegemonía del PNV dentro del nacionalismo vasco.

En Galiza, el Bloque Nacionalista Galego, que, con un 19,15% de los votos y más de 600 concejales, obtuvo el mejor porcentaje de votos entre la izquierda en el Estado en las pasadas elecciones municipales, aspira a reeditar las coaliciones de gobierno con el PSG-PSOE que controlan las principales ciudades gallegas. Espera mantener su principal alcaldía, Pontevedra, y que no exista demasiado desvío de voto hacia el PSG en A Coruña, Vigo, Ourense, Santiago, Lugo o Ferrol, como diversas encuestas parecen indicar. En Asturies, la coalición Compromisu por Asturies, conformada por el Bloque por Asturies (que acudió hace 4 años con Izquierda Xunida, obteniendo 1 diputado) y Unidá Nacionalista Asturiana, lucharán por superar la barrera del 3% y llevar la lucha histórica por la oficialidad de la llingua o el rechazo a los recortes sociales al Parlamento.

En otra órbita se sitúan las organizaciones políticas que plantean una alternativa independentista y socialista desde la base, el municipalismo y los movimientos ciudadanos, y que se posicionaron cercanas a la coalición Iniciativa Internacionalista-Solidaridad entre los Pueblos en las pasadas elecciones europeas. En Catalunya, las Candidaturas d’Unitat Popular, ya presentes en Ayuntamientos como Mataró o Vic, continúan incrementando el número de candidaturas a nivel municipal (de 12 en el 2003 a 75 en estas elecciones). Así, se presentan por vez primera en Barcelona, junto a Revolta Global-Esquerra Anticapitalista, bajo el nombre de CUP-Alternativa per Barcelona, defendiendo la radicalización de la democracia, la sostenibilidad ecológica o una gestión desde los barrios. Bajo este modelo, Puyalón de Cuchas aspira a obtener el primer concejal independentista de la historia de Aragón en Artieda, el municipio amenazado por el recrecimiento de Yesa donde en 1987 Chunta Aragonesista entraba por vez primera en las instituciones. En Galiza, Nos-UP no concurrirá a las elecciones (al igual que Nación Andaluza en Andalucía) pero el Colectivo Nacionalista de Marín (CNM), Espaço Irmandinho (EI –escisión de Nos-UP), Frente Popular Galega (FPG), Movemento pola Base (MpB –una escisión del BNG) y Partido Comunista do Pobo Galego (PCPG) han firmado un acuerdo para promover y apoyarse en diversas candidaturas a nivel municipal. En Asturias, Conceyu Abiertu promoverá diversas candidaturas municipales.

¡Esto ya ha pasado! Aquí y allí, antes, ahora y después de las catástrofes nucleares

Domingo, finales de Julio. La brisa marina de una playa asturiana movía las hojas de un libro prestado que poco a poco comenzaba a llenarse de arena. Era el día que cumplía 29 años. Para un psicólogo, ojear artículos políticos de los 70 y 80 en uno de los escasos días soleados del Cantábrico, es un sacrificio arriesgado. Leer sobre el pánico nuclear ochentero en un cumpleaños, depresivo. –Coge éste, te gustará- había dicho un amigo, Diego, apartando una recopilación de Manuel Sacristán. Su nombre me traía a la cabeza a un actor, no sé por qué… Recuerdos que me vienen a la cabeza en una noche “nuclear” en la que el futuro de Japón es más incierto que nunca en su historia.

Encuentro ahora, en el New York Times, un estremecedor artículo sobre el sistema “Mark 1”, desarrollado en los 60 por la multinacional General Electrics, aún empleado en la central nuclear de Fukushima Daiichi y en muchos otros lugares del planeta (32 en total). Bajo el título –en inglés- “Los expertos habían criticado durante mucho tiempo la presunta debilidad en el diseño del reactor  dañado”, me pregunto cómo puede ser posible. ¿Pero una central nuclear no intenta alcanzar –después de Chernobil- los mayores estándares de seguridad posibles?

Recuerdo de nuevo. Decenas de personas caminan de un lado a otro de la playa. Las miro. Siempre me asombró por qué en la costa nos gusta caminar de un lado a otro por  la orilla. Quizás, nos seduce observar el mar y proyectar en ese espacio vacío aquello que deseamos, como en un test de Rorschach. Cojo el libro, pensativo. Antes de irme de su casa, Diego me había explicado la historia de Sacristán. Me evoca a la excelente película “12.08, al Este de Bucarest”, sobre la caída de Ceacescu. Al igual que en ella, con la llegada de la democracia surgieron dos clases de personas. Por un lado, los que afirmaban que habían resistido toda su vida al anti-franquismo y utilizaron ese rédito para su vida futura, algunos para sentirse bien consigo mismos, otros para trazar una carrera política, como miles de militantes del PSOE, pero también algunos de IU, PNV, CIU… Un profesor de economía nos decía, “yo estudié en Sevilla y era del sindicato [de Comisiones, ya que UGT y el PSOE eran testimoniales desde el exilio]. En mi clase había más policías de lo social infiltrados que militantes antifranquistas”. Por otro lado, estaban los que habían luchado antes y continuaron haciéndolo después. Los que fueron marginados antes y después siguieron siendo minoritarios. Sacristán era de los segundos.

Finalmente, mi amigo me explicó que Sacristán no era un actor sino un filósofo marxista catalán que pasó su vida traduciendo obras filosóficas y políticas al castellano. Marx, Gramsci, Adorno… Expulsado de la Universidad por su militancia antifranquista en el PSUC, readmitido durante la Transición (pero vetada por CIU su vuelta como Catedrático), posicionándose con las bases del PCE y PSUC y renegando de sus élites, había sido “maestro” sin apenas escribir y de su escuela surgieron algunos de los economistas, filósofos y politólogos más relevantes de las últimas dos décadas. Con la democracia se unió al Comité Antinuclear de Cataluña, en 1978.  Aunque hablaba –y traducía- más que escribía, circunstancialmente, publicaba pequeños comentarios sobre la vida política esos años en una revista, Mientras Tanto, que había fundado en 1979. La revista se proponía luchar por otro modelo de sociedad. Sin embargo, dada la inmensidad de los retos, se planteaba mientras tanto contribuir a pensar sobre qué estaba pasando a nuestro alrededor y proponer soluciones ante ello.

Y mientras tanto, centrales nucleares, seguras, hasta que dejan de serlo, explica el genial artículo de Manuel Rico. Y es que todos los gobernantes, excepto Angela Merkel –que ha introducido una moratoria- y Hugo Chavez –que ha paralizado su programa nuclear-, se han apresurado a repetir que las centrales nucleares de sus países son seguras, como si en Japón hubieran admitido sus dirigentes que tenían una central nuclear “no segura”. Me viene a la cabeza la visita al Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) en Madrid, y la presencia del stand del Consejo de Seguridad Nuclear (stand nº 35) en ella, proponiéndose como alternativa ecológica ante los problemas de sostenibilidad mundiales. Vergüenza.

Paso página, como en aquél cumpleaños. Entonces, Sacristán no me conquistó por la belleza de su pluma (enrevesada como pocas), ni por la cercanía de sus artículos (trozos descontextualizados de “historias viejas”)… No. Lo verdaderamente asombroso era que antes que el ecologismo fuera un movimiento de masas, en pleno desarrollismo comunista (y capitalista) y con una lucha creciente entre bloques, Sacristán comenzó a cuestionar la idea productivista e industrializadora presentes tanto en el capitalismo como en el comunismo de esos tiempos. Pero, frente a un ecologismo que renegaba de los fines marxistas (véase el Partido Verde Alemán y la mayoría del movimiento verde europeo, una mezcla entre conservacionistas de derechas y ex hippies autogestionarios), él se atrevió a unir dos ideas, hasta entonces incompatibles (salvo en las recientes –entonces- obras de Commoner o Bahro). Al hacer eso, en los 70, creó una escuela de pensamiento y plantó las bases del ecosocialismo en el Estado del que directa o indirectamente (moderando y socialdemocratizando el discurso inicial) han mamado o nacido Izquierda Unida, Iniciativa per Catalunya, Esquerra Unida i Alternativa o Chunta Aragonesista. Su tesis, que es inaceptable el supeditar el futuro del planeta, de sus recursos, de su seguridad mundial (la paz), al logro del fin de la igualdad y el socialismo, como pretendía el comunismo soviético; pero que los problemas ecológicos sólo pueden solucionarse desde un modelo económico basado en una economía socialista.

Me vienen a la cabeza sus escritos llenos de pánico nuclear explicando la lucha por el cierre de las centrales nucleares catalanas y cómo, ese día en la playa, tenía un sentimiento de lejanía, de historia de otro tiempo. Escribía que siempre que había una crisis provocada por un error empresarial, el sistema se echaba las manos a la cabeza culpando a esos “malos empresarios” que habían vulnerado las medidas de seguridad con la intención de ampliar sus beneficios. En su caso, se refería a la intoxicación por aceite de colza en el Estado español (1981) que causó la muerte a más de mil personas y secuelas irreversibles a 25.000.  Se preguntaba si había realmente diferencia entre los “malos” y los “buenos” empresarios, puesto que todos habían cruzado el límite de seguridad y lo único que los diferenciaba eran las consecuencias que habían causado, la muerte unos, el riesgo otros.

O sea, lo que explicaba el artículo del New York Times. El sistema Mark 1, el de la central japonesa, comenzó a popularizarse en los 60 debido a que era más pequeño, barato y fácil de construir que los anteriores; es decir, más rentable. Sin embargo, a los pocos años, en 1972, el ingeniero de seguridad de la Atomic Energy Commission, Stephen H. Hanauer, recomendó la paralización del uso de este sistema ya que presentaba “inaceptables riesgos de seguridad”. Según él, este sistema era más susceptible a la explosión y ruptura. Su superior argumentó que, dada la aceptación de este nuevo sistema por la industria, revertirlo en esos momentos “podría bien ser el fin de la energía nuclear”. Una década más tarde, otro ingeniero de la Nuclear Regulatory Commision aseveró que el Mark 1 tenía “un 90% de probabilidades de reventar debido al sobrecalentamiento y fundición del combustible en un accidente”, cifra que fue cuestionada por otros reguladores, desestimando el tomar medidas. Las únicas soluciones desarrolladas fueron arreglos parciales, insuficientes para solucionar el problema de seguridad.

Y es que, en opinión de Sacristán no era un problema de “malos” o “buenos”,  de “reguladores buenos o malos”, de “influencia o no de la industria en la Administración”, de “empresas responsables o irresponsables”, de haber seguido las medidas de seguridad máximas o haber ahorrado costes. Para él, era el propio sistema capitalista el que llevaba al límite a esos empresarios –y el que siempre iba a llevar a muchos de ellos a ese punto- porque se basaba en maximizar el beneficio y competir contra otros que también tendría que cruzar la línea del riesgo. El envenenamiento por aceite de colza era atemporal y acontextual. Ya se había producido en miles de lugares y épocas y seguiría teniendo lugar en el futuro, allá donde siguiéramos guiándonos por un sistema económico depredador de los humanos y del medio ambiente. Llamar causalidad a que en 2008 volviera a aparecer otra partida contaminada de aceite de colza sería reírse de un maestro.

Por eso, el artículo publicado ayer en New York Times trae una y otra vez en mi memoria los consejos de Sacristán. La única diferencia entre los reactores que están produciendo uno de los mayores desastres nucleares de la historia y el resto de los 32 reactores Mark 1 en el mundo es que en los primeros ha habido un accidente y en los otros no, aunque han asumido ese riesgo a cambio de más beneficios. Pero eso, según Sacristán, a nivel moral, esto hace pocas diferencias. Los reguladores y empresarios nucleares japoneses hicieron exactamente lo mismo que sus compañeros alemanes, españoles (que prolongaron la vida de la central de Garoña), americanos o franceses. Todos podían haber generado las mismas consecuencias, diferenciar entre “compañías buenas y malas” es no querer mirar a las causas de los problemas.

Y es que Sacristán va más allá. Este accidente ya ha pasado miles de veces en miles de lugares. Es el envenenamiento por aceite de colza, es el Prestige, aviones que se estrellan por ahorrar en piezas o revisiones, es miles de sucesos similares aquí y allí; antes, ahora y después, agravado ahora por depredadores sin rostro tirando abajo la bolsa de Tokyo, cogiendo el dinero que el Banco Central Japonés debiera destinar a las víctimas de esta catástrofe. Culpar a unos “malos empresarios” sería injusto. Es el propio sistema el que alienta la competición “cruzando la ralla”. Es el que prefiere siempre arriesgar por unos pocos más beneficios que asegurar el futuro de las personas y el planeta. Por eso, el filósofo catalán defendía el ecosocialismo, un socialismo (marxista) que supere las desigualdades sociales, un sistema económico basado en la cooperación, en poner la economía al servicio de las personas y no al revés, cambiando cómo se crean y reparten los beneficios; un ecologismo que entiende que la destrucción medioambiental es consecuencia directa de los intereses económicos (neo)liberales y que no puede asegurarse un futuro sostenible sin erradicar el capitalismo; un pacifismo que rechaza cualquier desarrollo nuclear, con fines bélicos o pacíficos, por su amenaza para la supervivencia humana.

Ya sé por qué recuerdo. Ese día hace ya muchos meses, Sacristán me explicó por qué era ecosocialista antes de leerle a él y por qué es posible un socialismo que pueda hacernos mirar al horizonte de una playa de verano y proyectar en él la seguridad de que no es parte de una ecuación de mercado, puesta en juego por unas cuantos billetes de más.

Yo no soy tonto (V): Jóvenes, precariedad y sindicalismo

PARTE 5: Jóvenes, precariedad y sindicalismo


(IX) Referencia y pertenencia


Antonio Antón (2007) se pregunta en su excelente libro “El devenir del sindicalismo y la cuestión juvenil” el por qué del alejamiento de los jóvenes de los sindicatos. Concluye que se da un círculo vicioso entre un problema de referencia ligado a otro de pertenencia a los sindicatos. Según él, los sindicatos desde mediados de la década de los 90 empiezan a ser incapaces de influir en las grandes reformas económicas y laborales que, impulsadas desde la Unión Europea, los Gobiernos cómplices de Aznar, González y Zapatero empiezan a implementar. El objetivo de estas reformas es la flexibilización del mercado laboral, aumentando la contratación temporal, facilitando el despido y, en general, empeorando los nuevos empleos que se iban progresivamente creando.

Estos empleos, a los que se iban a incorporar los trabajadores más jóvenes, eran precisamente sobre los que no podían influir los sindicatos. A cambio, necesitaban mostrar utilidad social para las clases trabajadoras, consiguiendo efectos positivos de sus negociaciones. Por ello, su foco fue centarse en los sectores donde se contraba la mayor sindicación (funcionarios, trabajadores de industrias clásicas o fordistas, empleados mayores con trabajos de larga duración…) y, dentro de estos, en los que se encontraban más cerca de la jubilación, en las generaciones más mayores. Así, conforme el Gobierno imponía recortes a las generaciones más jóvenes –ante los que los sindicatos tenían escasa influencia real-, obtenían mantenimiento de derechos para otros sectores, demostrando su utilidad ante estos. Las proclamas públicas dirigidas a los sectores más desfavorecidos –jóvenes, mujeres- sólo servían para incrementar su legitimidad social, pero no como parte de su acción sindical prioritaria.

La limitada influencia de los sindicatos para alterar las condiciones laborales de los sectores más precarizados (jóvenes, mujeres, inmigrantes) fue generando progresivamente una crisis de referencia. Debido a ella, estos sectores y los jóvenes en particular dejaron de considerar a los sindicatos un referente que pudiera mejorar sus condiciones de trabajo. Las experiencias vitales de las y los jóvenes sugerirían que los sindicatos estaban haciendo poco o nada para lograr defender sus intereses o, en el mejor de los casos, que no estarían teniendo capacidad real de actuar a favor de este sector.

Si los sindicatos querían defender a los jóvenes y no han podido hacerlo por las presiones del mercado o si ha sido una estrategia planificada es irrelevante aquí. Lo importante es que las y los jóvenes han terminado no encontrando la función social –con respecto a ellos- de los sindicatos. Hay que reseñar que una gran parte de las élites sindicales parten de las movilizaciones contra el Gobierno de Felipe González que SÍ fueron efectivas en un primer momento en la defensa de los derechos de los jóvenes. Una generación se vio reflejada en unos sindicatos que tenían influencia para defenderlos y entró masivamente a formar parte de estas organizaciones. Es a partir de entonces donde deja de producirse relevo generacional.

Como consecuencia de que los sindicatos dejaran de ser un referente para las y los jóvenes, la pertenencia a estas organizaciones no ha estado entre las prioridades juveniles. Así, esta generación no entró a formar parte de los sindicatos como habían hecho las generaciones anteriores, y sí en otros movimientos sociales o ciudadanos. Incluso para los jóvenes que ingresan en los sindicatos, el panorama es desolador. Los modelos organizativos son propios de los 70 y 80, careciendo de la horizontalidad democrática y participación interna que los 90 y el 2000 han traído a los movimientos sociales. Para estos jóvenes sindicalistas, CCOO o UGT son organizaciones donde se percibirá una carencia de democracia interna, libertad de expresión y participación, al igual que sucede entre los jóvenes políticos. Más allá, será un sistema organizativo (Comité de Empresa, secciones sindicales) ineficaz para dar solución al problema de la precariedad laboral derivada de los empleos temporales, la falta de derechos de esos jóvenes trabajadores o el encadenamiento de trabajos en diferentes empresas.

Por ello, los sindicatos han ido convirtiéndose en estructuras de obreros de grandes industrias (con una alta preocupación por mantener su estabilidad laboral ante prejubilaciones, despidos a partir de los 50, deslocalizaciones y cierres patronales de las empresas…) y funcionariado, alejándose de los nichos de empleo más precarios (y de sus ocupantes) en nuestras sociedades.

De esta forma, la falta de jóvenes dentro ha ido impidiendo orientar la acción sindical hacia este colectivo y, a la par, le ha hecho centrarse en los sectores y generaciones que componían la mayor parte de su masa sindical. El problema es que no se puede alterar la pertenencia sin cambiar la influencia y referencia y viceversa. Ese es el círculo vicioso de los sindicatos y la cuestión juvenil.


(X) Hacia otro sindicalismo


Han sido precisamente sindicatos minoritarios como CGT los que han podido reconstruir su organización en la línea de las nuevas demandas juveniles, defender con firmeza sus intereses o plantear nuevos modos de funcionamiento que alcanzaran a los trabajadores precarios. En esa línea, algunos autores han realizado propuestas de la necesidad de un biosindicalismo. Éste debiera estar más enfocado en trayectorias vitales que en el puesto de trabajo. En vez de intentar unir a todos los trabajadores que estuvieran en una empresa determinada en un momento temporal preciso, aquí y ahora, pretendería conectar las diferentes experiencias laborales que conforman la trayectoria vital de un trabajador entre sí y con el sindicato, y, además, con aquellas personas que mantuvieran experiencias similares en el pasado, presente o futuro.

Por ejemplo, un joven que ha trabajado en Telepizza, Carrefour y de teleoperador en el último año intentaría conectarse con la experiencia de otros trabajadores que hayan pasado por esas empresas y por el sindicato en el pasado y plantear acciones a partir de esa experiencia colectiva. En vez de ser un aquí y ahora, es un aquí y allí, ahora, antes y después. Más allá, una vez que se buscan mecanismos para incorporar a estos trabajadores a la ecuación sindical, la propia acción y demandas de los sindicatos es modificada, al tener sus intereses en cuenta.

Y es que si el trabajo es un asunto más de la vida, el que nos aporta identidad social y psicológica y si las soluciones a las condiciones laborales están en un marco global, es lógico que el sindicalismo transcienda del ámbito de las reivindicaciones laborales en la empresa. Asimismo, si en las empresas son precisamente donde los trabajadores carecen de derechos y unidad (individualización de las relaciones laborales, empleo temporal, turnos cambiables, persecución de los sindicatos…), la solución es que el ámbito de creación, construcción y trabajo del sindicalismo esté fuera de la empresa. Si lo que está delimitando este modelo laboral son las acciones futuras en la vida, parece comprensible que hable de la vida, de soluciones para construir proyectos de vida. Precisamente por eso ya no será un sindicato. O será más un movimiento social que un sindicato.

En esa línea, Franco Ingrassia propone “11 ideas precarias para un sindicalismo biopolítico”. Sugiere que la movilidad laboral es un factor a aprovechar, dado que permite construir relaciones personales con múltiples disímiles compañeros (y obliga a dejar de pensar en términos exclusivos de una  organización determinada). Asimismo, dada la intermitencia de las relaciones contractuales, un sindicalismo biopolítico no podría pensarse como un espacio exclusivo de trabajadores ocupados, sino como lugar heterogéneo de cooperación y encuentro. Por último, en condiciones de dispersión social (el correlato de la inestabilidad), el objetivo ya no es quebrar sino inventar modos autónomos de creación, cohesión y recombinación de recursos y lazos humanos, innovar organizativa y socialmente. Y para su organización global, si estamos en una sociedad-red, plagadas de empresas-red, es lógico que los movimientos sociales funciones en redes horizontales.

Así, dentro de estas redes horizontales, los nuevos movimientos sociales tienen ese factor cohesionador de solución a problemáticas sociales (o de presión en sus reivindicaciones), de apoyo social a colectivos y personas con dificultades específicas, de relacionar problemáticas particulares laborales con demandas más globales relacionadas (por ejemplo, la relación entre empleo precario, altos precios de la vivienda, y especulación financiera/desarrollo del neoliberalismo y social-liberalismo).

Si quieres leer todos los capítulos de una vez, descárgate el libro-blog: ¡Yo no soy tonto_ Las pensiones son un chollo!

Yo no soy tonto (IV): Sindicatos, siempre pensando en los vulnerables

PARTE 4: Sindicatos, siempre pensando en los vulnerables


(I) Gracias, sindicatos


Si las posiciones neoliberales ante la reforma de las pensiones son esperables y conocidas de antemano (el FMI lleva décadas empobreciendo a la población de países que aplican sus medidas económicas a lo largo y ancho del planeta), y las del PSOE se enmarcan en una línea continuista antisocial con las aplicadas en los últimos meses, sorprende sin duda la posición de los sindicatos. El haber aceptado como inevitables dogmas neoliberales profundamentes cuestionables o sus odas al acuerdo alcanzado chocan entre una mayoría social que ve con recelo este acuerdo.

El economista Juan Torres argumenta que los sindicatos se han equivocado al entrar

“en el juego del doble razonamiento falso que se viene utilizando para justificar el sistema. Uno, el de su insostenibilidad a largo plazo, que nadie ha podido demostrar rigurosamente como hemos expuesto en multitud de ocasiones los economistas críticos. Y otro, en el de aceptar que para hacer frente al desequilibrio financiero que pueda provocar esa pretendida insostenibilidad lo que hay que hacer es solo actuar por la vía de reducir el gasto, y no aumentando los ingresos, es decir, mejorando la distribución de la renta para que así haya más salarios y más cotizaciones, el empleo decente, sobre todo el femenino, la productividad y, en última instancia, los ingresos a través de los Presupuestos Generales del Estado”.

Antonio Antón resume la reforma en la siguiente conclusión:

“Es una reforma regresiva, injusta socialmente y no justificada económicamente, que recorta las pensiones futuras, respecto de los derechos actuales, en una media del 20%. La consecuencia es la reducción de la intensidad protectora y la segmentación de la protección social con una privatización parcial. No hay una rectificación de la política socioeconómica, laboral y fiscal. Persiste del alto paro y nuevas brechas sociales, con incremento de la desprotección pública, y una perspectiva de empobrecimiento de las personas mayores”. Pero lo peor es que el cambio tras la negociación no ha mejorado –incluso ha empeorado el texto inicial- como demuestra Antonio Antón con diversas cifras y proyecciones.

Entonces, ¿por qué ha sido apoyada por los sindicatos?

Las razones por las que los sindicatos han aceptado un acuerdo que no mejoraba –incluso empeora para la mayoría de la clase trabajadora- la propuesta inicial del Gobierno hay que buscarla en otras causas: interés hacia sus bases sindicales, búsqueda de legitimidad social, financiación de estas organizaciones por parte del Gobierno, intento de demostrar públicamente que pueden influir a favor de los trabajadores como se aparenta en un pacto en el que se reconocen algunas demandas suyas…


(VIII) Los vulnerables entre los vulnerables


Aunque esta reforma va a afectar de manera negativa al conjunto de la población, como se ha explicado en diversos lugares, tendrá consecuencias especialmente perjudiciales para los grupos más vulnerables de trabajadores: las y los jóvenes; mujeres que hayan hecho parones dentro de su vida laboral (por cuidado de hijos) y que tengan dificultades para reintegrarse al mercado laboral (un problema bastante común); y trabajadores mayores (por encima de los 50 años), que podrían tener problemas en volver a trabajar tras ser despedidos (algo que se va a incrementar por la facilitación del despido de la última reforma laboral), no pudiendo alcanzar el número de años necesario para jubilarse con el 100% de la pensión.

Nos centraremos en los jóvenes, un tema que ha recibido un recurriente interés en blogs y prensa, llegando a denominarse la reforma hacia los jóvenes como generación estafada. Los jóvenes, con esta reforma, tendrán 3 problemas específicos frente al resto de las y los trabajadores.

Primero, aumentar la edad de jubilación implicará que va a haber menos puestos de trabajo disponibles para los nuevos trabajadores que se incorporen al mercado laboral. Esto afectará sobre todo en el sistema público –ya que en el privado, los despidos a personas mayores sin contrato fijo y prejubilaciones están a la orden del día- pero también en puestos en empresas privadas donde el despido sea más caro. Más personas, menos trabajos, porque si hubiera trabajos para todos, no habría desempleo (más de 4 millones actualmente). Como los jóvenes son los que tienen que sustituir a los mayores, se produciría un tapón. Este motivo llevó el pasado Otoño a las y los jóvenes franceses a participar masivamente en una decena de huelgas generales contra la reforma de pensiones.

Segundo, al retrasarse progresivamente la edad de incorporación al mercado laboral de las y los jóvenes en el Estado, se dificulta el alcanzar el número de años necesario para jubilarse con 65 años. Este aspecto NO afecta de la misma manera a las generaciones [sindicadas] más mayores, que entraban con mayor facilidad y prontitud a trabajar en el pasado. Para las y los universitarios, la edad de entrada al mercado laboral está más cerca de los 30 que de los 20 años. Las causas: la obligación indirecta a realizar másters o diversos cursos de formación como vía de diferenciarse ante un creciente desempleo cualificado, el incremento de años en los que se vive en el domicilio de los padres, la sustitución de trabajos por puestos de becarias/os, o la dificultad (y tiempo) que requiere la aprobación de una plaza como funcionaria/o (más gente, menos plazas = a más años preparando las oposiciones y menos seguridad).

Tercero, la calidad del trabajo ha descendido y eso lo están sufriendo las generaciones más jóvenes. Hay menos trabajo fijo (con lo cual se alterna el trabajo temporal con mayores plazos de desempleo o con períodos de formación), el salario es menor y el despido más sencillo. Por ello, es esperable una cuantía menor de la jubilación y mayores épocas sin empleo ni cotización, lo que implicará un mayor retraso en la edad de jubilación.

Repetiremos: Esta reforma laboral es más negativa para la generación menor de 35 años que para el resto de trabajadores. De hecho, es probable que a los que les afecte principalmente es a esta generación, al igual que las reformas laborales de la última década y media (desarrollo de ETTs, figura de los becarios, temporalidad en el trabajo) han perjudicado principalmente a este colectivo.

 

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Yo no soy tonto (III): Perdices, carpinteros y electricistas

PARTE 3: Perdices, carpinteros y electricistas


(I) (No) viviremos más y seremos felices y comeremos perdices


Sobre el envejecimiento de la población, Vincenç Navarro explica por qué las aseveraciones que se lanzan son falsas. En primer lugar, que la esperanza de vida aumente no quiere decir, tristemente, que las personas vivan más años. Lo que significa es que hay menos mortalidad infantil y juvenil. Mientras antes una importante parte de la población moría antes de poder jubilarse, ese porcentaje se ha reducido y cada vez más gente supera los 60 años. Pero eso implica que también hay más personas que contribuye a la Seguridad Social, porque trabaja más años y paga más tiempo sus cotizaciones. Dice Vincenç Navarro:

“Supongamos que España tuviera dos habitantes: uno, Juanito, que muere al día siguiente de nacer y otro, la señora María, que muere a los 80 años. En esta España de dos ciudadanos, la esperanza de vida promedio sería de (0+80):2=40 años. Pero en un país vecino llamado Vecinolandia hay también sólo dos ciudadanos: uno, Pepito, que no muere al día siguiente de nacer, sino 20 años más tarde y la otra vecina, la señora Julia, que, como la señora María de España, muere a los 80 años. La esperanza de vida promedio de Vecinolandia es de (20+80):2=50 años, es decir, diez años más que en España. Pero esto no quiere decir (como constante y erróneamente se asume) que la señora Julia viva diez años más que la señora María.”

Este autor recuerda que en realidad desde el 1991 aunque la esperanza de vida ha aumentado 4 años, las personas que superan los 65 años y que llegan a jubilarse sólo viven 2,3 años más de media (compensados en parte por el incremento de años en los que las personas cotizan).

Pero más grave es la asunción de que al vivir más años las personas, el envejecimiento también se retrasa y las personas están como una rosa a los 65 años para seguir trabajando. Se dice “si ahora las personas que llegan a los 65 años viven 2,3 años más que hace veinte años, tales personas tendrán 2,3 años más de vida saludable, retrasando la edad de envejecer 2,3 años más”. Pues bien, tristemente de nuevo, no es así. Recuerda Vincenç Navarro que “La edad de envejecimiento se ha adelantado, en lugar de retrasarse”. Recoge el artículo de  Eileen Crimmins y Hiram Beltrán-Sánchez, “Mortality and Morbidity Trends: Is there compression of Morbidity?” (“Tendencias de mortalidad y morbilidad: ¿existe una reducción de la morbilidad?”) en la revista Journal of Gerontology (06-12-10). Este concluye que una persona que tenga 20 años ahora, tendrá un año menos de vida saludable durante toda su vida que una persona de 20 años de hace diez años, y ello a pesar de que la esperanza de vida del primero sea mayor que la del segundo. Es decir, vamos a vivir 2,3 años más, pero hemos de esperar un año menos de vida saludable, por la incidencia creciente de enfermedades cardíacas, cáncer o diabetes.

La razón de que viviremos más es que los avances médicos y tecnológicos nos mantendrán más tiempo con vida desde que nos sean detectadas esas u otras enfermedades. Por ello, Vincenç sugiere usar “indicadores de vida laboral potencial (es decir, el número de años que el trabajador puede continuar trabajando) el número de años saludables durante la vida de una persona, antes y después de los 65 años, en lugar de considerar los años de vida que tendrá a partir de los 65”.

Un joven de 20 años en EEUU en 1998 podía esperar vivir 45 años y una mujer 49,2 sin alguna enfermedad crónica (enfermedades cardiovasculares, cáncer o diabetes). Pero estos decendieron en 2005 a 43,8 años para los hombres y 48 años para las mujeres. Además, el período de movimilidad limitada se ha incrementado en 2 años más para los hombres y 2,5 para las mujeres. Resumamos, aunque vivamos más años, tendremos 1 año menos de vida saludable y 2 años más de movilidad limitada para trabajar o vivir. Como concluye Vincenç Navarro, “hemos podido retrasar el año en que nos morimos, pero no necesariamente retrasar ni la edad de envejecimiento ni la cantidad de enfermedades que tenemos. Desde 1998 a 2006 pudimos retrasar, por ejemplo, la mortalidad debida a enfermedades cardiovasculares entre los varones de edad avanzada, pero no el inicio de esta enfermedad crónica”.

Finalmente, autores como Joan Benach y Carles Muntaner, en diversos libros e informes de la OMS, argumentan que la esperanza de vida está relacionada con la clase social, las desigualdades sociales, los ingresos económicos o la precariedad en el trabajo. Al empobrecer a las y los trabajadores y a las y los pensionistas, la esperanza de vida y las enfermedades que estas personas tengan, se van a incrementar. Serán los trabajadores más precarizados los que vivan menos y las personas con mejores trabajos, nivel económico y clase social más alta las que vivan más años y con menos enfermedades.

La pregunta del millón, tras todos los datos anteriores es, ¿por qué desde las posiciones neoliberales hablan de insostenibilidad, quiebra o necesidad inmediata de reformas o por qué hay consenso político y en los medios de comunicación -89% de sus artículos de opinión a favor de la reforma de las pensiones- a pesar de que entre el 60 y el 90% de la población –según la encuesta que cojamos- rechazan esta reforma?

(VI) No esperes que el carpintero te haga la instalación eléctrica: Los neoliberales no creen en los sistemas públicos de pensiones


El mito o dogma neoliberal no cree en el sistema de pensiones. No busca reformarlo, sino eliminarlo. No pretende hacerlo más sostenible, sino menos. Su objetivo es triple. Por un lado, incrementar los ingresos a este sistema de pensiones que provienen del porcentaje que abonan los trabajadores. Para ello, o bien se aumenta la cuota mensual del trabajador, lo que derivaría en un descenso del salario real de éste (que implicaría indirectamente la necesidad de un aumento salarial para asegurar su salario de reproducción), o bien se incrementa el número de años que los cotizantes han de seguir trabajando (hasta los 67 años), o se aumenta el número de años que se trabaja dentro de la vida laboral (hasta 38,5 años o más). Sin embargo, este aumento de los ingresos no va dirigido necesariamente a que los pensionistas cobren más o a asegurar la viabilidad futura del sistema. De hecho, paralelamente, se desciende el salario de los pensionistas futuros llevando a cabo una medida sencilla: aumentando el número de años sobre el que se calcula la jubilación. Como la gente suele tener trabajos mejor pagados conforme se incrementa su edad (o eso dicen), al incluir en el cálculo a los trabajos anteriores peor pagados, la media sale más baja. Es decir, a más años que sirven para calcular la pensión, has de esperar una pensión más baja. Lo de antes, un chollo, cobrar más, pagar menos. Como explicaba Antonio Antón, lo que se busca con esta reforma y con el alargamiento de la edad de jubilación no es tanto prologar la permanencia en el empleo como reducir la cuantía de las pensiones por medio de penalizar la jubilación cuando no se alcanza un determinado número de años cotizados.

Pero sin embargo aquí está su segundo objetivo: reducir los ingresos que provienen del porcentaje pagado por los empresarios (y nunca incluir los beneficios de las rentas del capital o de inversiones especulativas en la colaboración a la Seguridad Social). Según los neoliberales, las cuotas a la Seguridad Social hacen más difícil el montar y mantener una empresa, atentan contra el buen funcionamiento del libre mercado, dificultan la contratación de los trabajadores y empeoran la situación económica general del país. Por ello, paralelamente a esta reforma de la Seguridad Social, como han aumentado los ingresos, es de esperar una reducción de los cotizaciones empresariales al sistema de pensiones o la desviación de fondos hacia estos por medio de ayudas o subvenciones. En realidad, se engorda la recaudación del sistema para vaciarlo posteriormente.

El tercer objetivo es el paso finalmente buscado desde el neoliberalismo: la progresiva sustitución de los sistemas de pensiones públicos por sistemas de pensiones gestionados por empresas privadas (fondos de pensiones). Boloni y Paulier (2007) explicaban cómo diversos países de la Unión Europea (Alemania, Francia, Italia) estaban implementando privatizaciones parciales de los sistemas de pensiones que eran aceptadas por los sindicatos y la población a cambio de efectuar una dilación en su adopción de forma que afectara no a las generaciones próximas a jubilarse sino a los jóvenes trabajadores de esos países. Me explico: no serían las personas mayores de 40 años las que sufrirían los efectos de esas reformas, sino aquellas que se están incorporando actualmente al mercado laboral, dado que la reforma no se aplicaría hasta el 2020, 2030 o 2040. Este proceso desactiva la oposición social.

Para los neoliberales, estos sistemas de pensiones son muy jugosos porque 1) suponen billones de euros que los trabajadores abonan, generando siempre superávit; 2) permiten una base disponible de dinero que es utilizada en inversiones por los gestores de fondos privados (es decir, que se enriquecen con el dinero recaudado a los trabajadores-futuros pensionistas); 3) se carga el riesgo a los trabajadores (si la empresa de pensiones quiebra, como ha sucedido en USA, los trabajadores pierden sus pensiones). Repito, para el Estado es una mala jugada, porque obtiene beneficios de las cotizaciones de los trabajadores. Para los trabajadores, también, porque incrementan su riesgo de no tener jubilación. Pero para las gestoras de fondos de pensiones es una jugada maestra: reciben dinero por prestar un servicio y a cambio pueden invertir y especular con las cotizaciones obtenidas, incrementando nuevamente sus beneficios.

Pero conseguir convencer a la población de implementar estos sistemas privados no es un camino de rosas, requiere un debilitamiento progresivo de las condiciones de los sistemas públicos (aumento de años necesarios para cotizar, aumento de porcentajes de cotización, descenso del importe de la pensión de jubilación…) para que un alto número de trabajadores empiecen a optar por soluciones privadas.

Antonio Antón avisa de una “privatización parcial” en esta reforma de las pensiones. Así, “el resultado, con menor cohesión social, es una protección social menos intensa para la mayoría de la sociedad, más fragmentada y asistencializada, junto con el desarrollo de fondos privados de pensiones como salida parcial para las capas acomodadas”.

Finalmente, esta reforma es un paso más en el proceso de cambio de una economía productiva basada en salarios altos que aseguran el consumo, hacia una economía especulativa de salarios bajos donde el beneficios no los asegura la producción sino el movimiento internacional y financiero de capitales. Dentro de esta economía, mantener un estándar de vida alto a nivel económico para las y los trabajadores deja de ser una prioridad.

 

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