Extracto del artículo “Debilitar o derribar” publicado en El Viejo Topo (Septiembre, 2011), que bien puede servir para analizar la coyuntura actual del PSOE tras la victoria de Rubalcaba.
Al caer los partidos social-liberales (en general, todos los partidos), no suelen modificar su discurso (que les ha llevado a la derrota electoral) directamente al llegar a la oposición. En su lugar, pasan por 2 fases: Tras la dimisión del gobernante perdedor de las elecciones, el partido se mantiene tomado por las estructuras que formaban parte de la dirección anterior, con renovaciones cosméticas. La militancia convencida de ese partido se ha ido sustituyendo por un mayor número de afiliación pasiva que apoyaría la línea oficial y poco amiga de los cambios (http://www.publico.es/espana/236676/quien-elige-al-que-manda). Este rechazo al cambio, lejos de frenar la caída del partido, es percibido negativamente por la ciudadanía, conduciendo a un nuevo fracaso electoral. Es aquí donde la izquierda transformadora, puede seguir teniendo margen de crecimiento y plantear una alternativa. Ha de aprovechar ese momento de crisis del social-liberalismo, sin discurso renovado y fuera de las instituciones, para intentar dar un paso adelante hacia la hegemonía en la izquierda. El problema es que no suele haber alcanzado una fortaleza suficiente al llegar a esta fase.
En segundo lugar, se produce una renovación en los partidos social-liberales bajo la promesa de recuperar el espacio a su izquierda (de la izquierda hasta el centro), percibida con simpatía por la ciudadanía y sus antiguos votantes. El partido se mueve y, arrepentido, pretende recuperar los viejos tiempos, los ideales de izquierda que habría abandonado. Bajo la promesa de volver al Estado social y derrotar a Gobiernos conservadores consiguen unificar a la izquierda bajo su manto y la izquierda transformadora puede quedar desactivada.
La mayor movilización de los últimos 20 años en el Estado español tuvo lugar durante el segundo mandato de José María Aznar (No al Plan Hidrológico, Nunca Mais, No a la Guerra…). Sin embargo, la expresión política de esa movilización fue el social-liberalismo, ya en la oposición. La izquierda transformadora consigue movilizar y es clave en este proceso, pero no consigue erigirse en voz de esa conciencia colectiva, fruto de su debilidad para configurarse como alternativa factible de Gobierno. De hecho, todo el esfuerzo de los medios de comunicación social-liberales va dirigido a construir el mito de que es el partido afín (PSOE) el que ha creado, mantenido y orientado toda esa movilización. Y da forma y pone límites a ésta: ya no se defiende “Otro mundo es posible” sino “Otro Gobierno es posible”. Punto final. Con el social-liberalismo en el gobierno, la izquierda queda desmovilizada en los primeros años de mandato de estos gobiernos. Así, el ciclo comienza de nuevo.
